Se
quedaron abrazados contemplando los grises nubes que había en el cielo. María
se incorporó, diciendo que iba a llover y que lo mejor sería que regresaran a
casa. Lo que ella no esperaba fue sentir algo helado en su cara. Se tocó y miró
a su alrededor.
-¡Está
nevando!-exclamó, sorprendida.
-Si
aquí nunca nieva… ¡Qué bien!-decía Will.
Corrían
por el parque entre risas. María abrió los brazos y dio vueltas, feliz. Le
encantaba la nieve. Dejó que los copos se posaran alrededor suya y rió. Cuando
estaba tiritando de frío, Will la cogió de la mano y la acompañó a casa. Se
despidieron riéndose y María entró en casa.
-¡Mamá!
¡Está nevando!-exclamó cuando cerró la puerta.
-¡Ya
lo he visto! ¡Es increíble!-respondió su madre, desde la cocina.
María
fue hasta ella y se quedó charlando con ella. No se había dado cuenta de lo
tarde que era. ¡La nueve de la noche! Y mañana tenía colegio…
-¿Puedes
poner la mesa? Vamos a cenar ya.-le pidió su madre.
-Claro.-contestó
ella, alegremente.
Se
dirigió hacia la mesa de la cocina y se paró en seco. El ordenador seguía allí.
Con un nudo en la garganta, lo observó y recordó lo que había pasado al
mediodía. Todo el tiempo que había estado con Will se le había pasado
rapidísimo y no se había acordado de Louis ni un momento. ¿Le gustaba Will?
¡Qué va! Ni por asomo. Hacia Louis sentía unos sentimientos muy
fuertes, pero con Will no. Con Will sentía paz y felicidad. Lo quería como a un
hermano mayor.
-¿María?
¿No pones la mesa?-su madre la sacó de sus pensamientos.
-Eh…
Claro, ya voy.
Recogió
el ordenador y puso los cubiertos y los vasos. Luego su madre puso los platos y
se sentaron a cenar junto con su padre.
-¡Hay
que ver, Javier nunca come con nosotros!-protestó su madre.
-Lucía,
déjalo, si hace lo que le da la gana.-contestó su padre.
-Ya
lo sé Alejandro, pero sigue siendo nuestro hijo y es parte de la familia.
María
escuchaba sin intervenir en la conversación. Ella prefería que su hermano no
comiera cerca suya. Lo odiaba. La noche transcurrió normal. María se acostó
pronto y se durmió en seguida…
El
despertador sonó. ¡Qué tarde era! Se había quedado dormida y el despertador
había sonado media hora después! Rápidamente, María se vistió y cogió las cosas
del colegio, recogiendo el bocadillo que le había hecho su madre para el
colegio antes de irse a trabajar. Abrió la puerta y se dio la vuelta para
cerrarla con llave. Cuando se volvió de nuevo, vio una cara.
-¡Hola!-saludó
la cara, alegremente.
-¡Will!
¡Qué susto me has dado!
-Ya
no nieva.-comentó éste.
-Una
pena. Por lo menos esos nubarrones grises se han marchado.-dijo María,
señalando el cielo.
La
nubes blancas que lo decoraban eran parecidas al blanco del algodón y
transmitían mucha tranquilidad. A pesar del buen tiempo, seguía haciendo frío,
así que se abrochó los botones del chaquetón que llevaba puesto. Caminaron
hasta el colegio. María le preguntó:
-¿Por
qué has venido a acompañarme al colegio?
-Es
que ayer te vi ir andando al colegio y como yo también voy andando, pues para
que nos hagamos compañía.-sonrió él.
Llegaron
a la puerta del colegio y se sorprendieron al encontrarla cerrada. Había una
nota y la leyeron.
“Queridos alumnos:
Hoy no habrá clases debido a la nevada. Retomaremos las
clases la semana que viene. Un saludo:
Antonio Marín, director del colegio.”
-Pero
si no está nevando!-exclamó Will.
-Bah,
da igual, nos perdemos el colegio lo que queda de semana. ¡Bien!-dijo María,
contenta.
-¿Qué
te apetece hacer?-preguntó Will.
-Vamos
a la playa, tengo ganas de ver el mar.-propuso María.
-Genial.
Caminaron
hacia la hermosa playa de Marbella y se sentaron en la arena. Aún quedaban
restos de nieve en el suelo. María contempló las aguas apacibles y las olas que
rompían en la orilla. Una lágrima se le escapó al recordar aquellas tardes de
verano. Will la miraba preocupado.
-¿Estás
bien?-preguntó.
-No…-dijo
ella.
Y
comenzó a contarle que Louis le había mentido, que había intentado quitarse la
vida, que no podía más. Se desahogó con su mejor amigo mientras un sinfín de
lágrimas corrían por sus mejillas. Cuando acabó de hablar, Will la abrazó
fuertemente, no encontraba otro modo de consolar a su amiga. María se secó las
lágrimas y le devolvió el abrazo. De pronto, un ladrido les sobresaltó. Era
Miel, seguida de una Carmen sonriente.
-¡Hola
chicos!-saludó.
Sorprendidos,
María y Will acariciaron a la pequeña y jugaron con ella. Charlaron con Carmen
sobre lo sucedido con Louis, ya que ella ya lo sabía al haber hablado con él.
Cuando María mencionó que había intentado suicidarse, Carmen abrió mucho los
ojos y miró apenada a su amiga. La abrazó y dijo:
-Tengo
algo que te animará.
Y
enseñó un folleto de una casa rural a las afueras de Marbella.
-La
he reservado para que nos vayamos Vito, Harry, Max, Jason, vosotros dos y yo.
Will
y María corrieron a abalanzarse sobre Carmen para abrazarla y darle las
gracias, mientras la pequeña Miel ladraba porque ella también quería estar con
su dueña. Riendo, siguieron hablando y viendo el folleto.
-¿Cuándo
nos vamos?-preguntó Will.
-Mañana
a las ocho nos recoge el dueño de la casa.-contestó Carmen.
-¡Guau!
¿Nos van a recoger? ¡Gracias, Carmen!-exclamaban María y Will.
-Es
amigo de mis padres, no me ha resultado difícil. Pensaba irnos el fin de
semana, pero como no tenemos colegio hasta la semana que viene, he adelantado
el viaje.-explicó la aludida.
-¡Vamos
a pasar unos días estupendos!-sentenció María.
Y
eso fue lo único que pudo decir, ya que Will la atacaba a ella y a Carmen con
unas traicioneras cosquillas.

