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martes, 28 de febrero de 2012

Capítulo once


Se quedaron abrazados contemplando los grises nubes que había en el cielo. María se incorporó, diciendo que iba a llover y que lo mejor sería que regresaran a casa. Lo que ella no esperaba fue sentir algo helado en su cara. Se tocó y miró a su alrededor.
-¡Está nevando!-exclamó, sorprendida.
-Si aquí nunca nieva… ¡Qué bien!-decía Will.
Corrían por el parque entre risas. María abrió los brazos y dio vueltas, feliz. Le encantaba la nieve. Dejó que los copos se posaran alrededor suya y rió. Cuando estaba tiritando de frío, Will la cogió de la mano y la acompañó a casa. Se despidieron riéndose y María entró en casa.
-¡Mamá! ¡Está nevando!-exclamó cuando cerró la puerta.
-¡Ya lo he visto! ¡Es increíble!-respondió su madre, desde la cocina.
María fue hasta ella y se quedó charlando con ella. No se había dado cuenta de lo tarde que era. ¡La nueve de la noche! Y mañana tenía colegio…
-¿Puedes poner la mesa? Vamos a cenar ya.-le pidió su madre.
-Claro.-contestó ella, alegremente.
Se dirigió hacia la mesa de la cocina y se paró en seco. El ordenador seguía allí. Con un nudo en la garganta, lo observó y recordó lo que había pasado al mediodía. Todo el tiempo que había estado con Will se le había pasado rapidísimo y no se había acordado de Louis ni un momento. ¿Le gustaba Will? ¡Qué va! Ni por asomo. Hacia Louis sentía unos sentimientos muy fuertes, pero con Will no. Con Will sentía paz y felicidad. Lo quería como a un hermano mayor.
-¿María? ¿No pones la mesa?-su madre la sacó de sus pensamientos.
-Eh… Claro, ya voy.
Recogió el ordenador y puso los cubiertos y los vasos. Luego su madre puso los platos y se sentaron a cenar junto con su padre.
-¡Hay que ver, Javier nunca come con nosotros!-protestó su madre.
-Lucía, déjalo, si hace lo que le da la gana.-contestó su padre.
-Ya lo sé Alejandro, pero sigue siendo nuestro hijo y es parte de la familia.
María escuchaba sin intervenir en la conversación. Ella prefería que su hermano no comiera cerca suya. Lo odiaba. La noche transcurrió normal. María se acostó pronto y se durmió en seguida…

El despertador sonó. ¡Qué tarde era! Se había quedado dormida y el despertador había sonado media hora después! Rápidamente, María se vistió y cogió las cosas del colegio, recogiendo el bocadillo que le había hecho su madre para el colegio antes de irse a trabajar. Abrió la puerta y se dio la vuelta para cerrarla con llave. Cuando se volvió de nuevo, vio una cara.
-¡Hola!-saludó la cara, alegremente.
-¡Will! ¡Qué susto me has dado!
-Ya no nieva.-comentó éste.
-Una pena. Por lo menos esos nubarrones grises se han marchado.-dijo María, señalando el cielo.
La nubes blancas que lo decoraban eran parecidas al blanco del algodón y transmitían mucha tranquilidad. A pesar del buen tiempo, seguía haciendo frío, así que se abrochó los botones del chaquetón que llevaba puesto. Caminaron hasta el colegio. María le preguntó:
-¿Por qué has venido a acompañarme al colegio?
-Es que ayer te vi ir andando al colegio y como yo también voy andando, pues para que nos hagamos compañía.-sonrió él.
Llegaron a la puerta del colegio y se sorprendieron al encontrarla cerrada. Había una nota y la leyeron.

“Queridos alumnos:
Hoy no habrá clases debido a la nevada. Retomaremos las clases la semana que viene. Un saludo:
Antonio Marín, director del colegio.”

-Pero si no está nevando!-exclamó Will.
-Bah, da igual, nos perdemos el colegio lo que queda de semana. ¡Bien!-dijo María, contenta.
-¿Qué te apetece hacer?-preguntó Will.
-Vamos a la playa, tengo ganas de ver el mar.-propuso María.
-Genial.
Caminaron hacia la hermosa playa de Marbella y se sentaron en la arena. Aún quedaban restos de nieve en el suelo. María contempló las aguas apacibles y las olas que rompían en la orilla. Una lágrima se le escapó al recordar aquellas tardes de verano. Will la miraba preocupado.
-¿Estás bien?-preguntó.
-No…-dijo ella.
Y comenzó a contarle que Louis le había mentido, que había intentado quitarse la vida, que no podía más. Se desahogó con su mejor amigo mientras un sinfín de lágrimas corrían por sus mejillas. Cuando acabó de hablar, Will la abrazó fuertemente, no encontraba otro modo de consolar a su amiga. María se secó las lágrimas y le devolvió el abrazo. De pronto, un ladrido les sobresaltó. Era Miel, seguida de una Carmen sonriente.
-¡Hola chicos!-saludó.
Sorprendidos, María y Will acariciaron a la pequeña y jugaron con ella. Charlaron con Carmen sobre lo sucedido con Louis, ya que ella ya lo sabía al haber hablado con él. Cuando María mencionó que había intentado suicidarse, Carmen abrió mucho los ojos y miró apenada a su amiga. La abrazó y dijo:
-Tengo algo que te animará.
Y enseñó un folleto de una casa rural a las afueras de Marbella.
-La he reservado para que nos vayamos Vito, Harry, Max, Jason, vosotros dos y yo.
Will y María corrieron a abalanzarse sobre Carmen para abrazarla y darle las gracias, mientras la pequeña Miel ladraba porque ella también quería estar con su dueña. Riendo, siguieron hablando y viendo el folleto.
-¿Cuándo nos vamos?-preguntó Will.
-Mañana a las ocho nos recoge el dueño de la casa.-contestó Carmen.
-¡Guau! ¿Nos van a recoger? ¡Gracias, Carmen!-exclamaban María y Will.
-Es amigo de mis padres, no me ha resultado difícil. Pensaba irnos el fin de semana, pero como no tenemos colegio hasta la semana que viene, he adelantado el viaje.-explicó la aludida.
-¡Vamos a pasar unos días estupendos!-sentenció María.
Y eso fue lo único que pudo decir, ya que Will la atacaba a ella y a Carmen con unas traicioneras cosquillas. 

lunes, 27 de febrero de 2012

Capítulo diez


Después de hablar con Vito,  ésta se fue y María avisó a todos sus amigos de que se quedaría en Marbella, que no se iría  a Londres. Cuando acabó vio que sólo eran las seis, así que cogió un chaquetón y su bolso y salió de su casa, no sin antes despedirse de sus padres. Caminaba sin rumbo, no sabía a dónde ir, sólo necesitaba despejarse. A lo lejos vio el parque que tanto le gustaba. Caminó hacia la entrada de éste y se sentó en un banco. Soplaba una suave brisa, de modo que estaba muy tranquila. Cerró los ojos y aspiró el aire. Olía a naturaleza. Le encantaba aquel sitio. Se dejó envolver por los aromas que provenían de distintos sitios. Suponía que habría una pastelería cerca, olía mucho a chocolate. El mar estaba en frente y provocaba un olor a sal que le hacía sentir libre. Podía imaginar el mar, la playa y, sin querer, volvieron aquellos recuerdos de las tardes de verano…
“-¡Ven aquí!-chillaba María, riéndose.
Todos perseguían a un pequeño cachorro de perro que corría por la playa y que parecía desorientado.
-¡Te cogí!-dijo Carmen, cariñosamente, acariciando al pequeño.
-Es precioso.-dijo Vito, con ternura.
-Es muy juguetón.-opinaba Harry
 -Alguien se lo tiene que quedar, no lo podemos dejar solo.-indicó Louis.
-Que elija él.-propuso Will.
Todos consideraron que era buena idea, y los seis se pusieron cada uno en una esquina de la playa. Todos empezaron a decir:
-¡Perrito! Ven, pequeño, ven.
El perro pareció dudar. Primero se acercó un poco a María y ella sonrió, por lo que el perro trotó hasta ella. Pero a mitad de camino, pareció cambiar de opinión y corrió hacia Carmen. Esta se reía y lo acariciaba con dulzura.
-¡Es hembra!-exclamó Carmen.
-Si os digo la verdad, me parece que Carmen es la más indicada para cuidarlo.-dijo Vito.
-Es verdad. Yo tengo un gato y Vito tiene un pájaro. No tendríamos tiempo para una mascota más.-aclaraba María.
-Yo tengo un pez y ya lo trato fatal, así que mejor que no me haya tocado a mí.-decía Louis, medio en broma.
-Harry y yo tenemos un perro cada uno y siempre nos da mucha pereza sacarlo de paseo, así que no hubiéramos sido los mejores para cuidar a esta pequeñaja.-reía Will.
-Y Carmen irradia amor por todos lados.-digo María, abrazando a su amiga cariñosamente.
Y Carmen sonreía. Sólo tenía ojos para su nueva mascota. Estaba segura de que sus padres le dejarían acogerlo. Se quedó pensando y al cabo de un rato sonrió.
-Miel. Se llamará Miel.  
Todos rieron y acariciaron a aquel perrito de pelaje color beis con las orejas de un tono parecido a la miel. Había acertado al ponerle ese nombre. Jugando con la pequeña, todos reían y hacían bromas. Ese pequeño Golden había entrado en sus vidas. Entre todos le compraron una cestita color rosa a la pequeña, la cual se instaló cómodamente y cerró los ojos. Todos la contemplaban con cariño…”
-¡María!
Esta abrió los ojos de golpe.
-¡Oh! ¡Will! Hola, lo siento, estaba pensando.
-Ja, ja, ya creía que te habías dormido.
-Idiota.-dijo María de broma.
-¿Me puedo sentar?-preguntó él.
-Claro, adelante.
Se sentó y se quedaron en silencio. De pronto, Will empezó a hablar:
-Oye, sé que te ha dolido mucho que Louis se haya ido a Londres. Y no sé por qué te quedas aquí en vez de irte a verlo. Pero ese no es mi problema. Sólo que todos estamos preocupados por ti. Estás tristona y apenas hablas. Para mí has sido siempre como una hermanita pequeña, ya que casi nos llevamos un año y me caes genial. Espero que no te ofendas al decirte esto: la primera vez que te vi me parecías vulnerable y que necesitabas protección. Por eso me hice tu amigo y he cuidado de ti cuando he podido. Espero poder seguir haciéndolo.
María sonrió. A parte de Louis, Will era su mejor amigo, lo quería mucho y siempre sonreía con él.
-¿Sabes qué? Necesito un hermano mayor, el mío es un idiota.-dijo ella, abrazándolo.-Gracias Will, en serio.
Éste le devolvió el abrazo y sonrió.
-“Esta chica es increíble. Es divertida y simpática. Es mi hermana pequeña. Y no me gusta. Es mi mejor amiga. La quiero mucho”-sonrió Will para sus adentros.
Cuando María se dio cuenta de que llevaban mucho tiempo abrazándose, comprendió que él siempre estaría allí para protegerla. Y además, estaba segura de que no le gustaba a Will. Y se dio cuenta de que verdaderamente era su mejor amigo. Y lo abrazó con más fuerza. Pero sobre todo, aquel fue el momento en el que los dos recordaron los abrazos que se daban cuando eran pequeños.


Miel:                                                                                           Will y María de pequeños:




sábado, 25 de febrero de 2012

Capítulo nueve


De pronto sonó una canción. El estribillo de Who says?, de Selena Gomez, sonaba a todo volumen por la habitación.
Who says, who says you´re not perfect?
Who says you´re not worth it?
Who says you´re the onlu one that´s hurting?
Trust me, that´s the price of beauty
Who says you´re not pretty?
Who says you´re not beautiful?
Who says?

María se quedó embobada escuchando la cancón, pero reaccionó al ver que estaba a punto de acabar y cogió su móvil. Vito la estaba llamando, aquel era el motivo por el que se escuchaba la música. Cogió y la voz de Vito empezó a chillar:
-¡Te tengo que contar una cosa! Voy para tu casa de inmediato.
Y colgó. María se rió. Lo loca que estaba su amiga le hacía sentirse un poco mejor. Se quedó pensando en el mensaje de la canción. Asintió cuando lo comprendió y corrió a apuntar en un papel la traducción.

¿Quién dice, quién dice que no eres perfecto?
¿Quién dice que no vales la pena?
¿Quién dice que eres el único que hace daño?
Créeme, es el precio de la belleza
¿Quién dice que no eres hermoso?
¿Quién dice que no eres bonito?
¿Quién dice?

María pensó que la letra de aquella canción tenía la razón. Al fin y al cabo, nadie es perfecto, pero hay personas en el mundo que son personas puras. Que son bonitas por sí mismas. Rápidamente le vino a la mente otra frase de la misma canción:


I´m not beauty queen
I´m just beautiful me…
Y apuntó la traducción con aquel bolígrafo color aguamarina que había cogido por ser el primero que encontró.


Yo no soy una reina guapa
Yo sólo soy bonita por mí misma

Y aquella canción le dio fuerzas. Inspiró y el timbre sonó. Corrió a abir la puerta y Vito se lanzó hacia su cuarto. Sin decir ni media palabra, María la siguió y cerró tras ella la puerta de la habitación. Vito se sentó en la cama, retorciendo las manos nerviosamente.
-Lo he conseguido.-soltó.

María suspiró y se sentó a su lado. No entendía lo que quería decir su amiga, pero la conocía lo suficiente como para saber que pronto explotaría y se lo contaría todo, así que no le preguntó nada. Se hizo el silencio durante un minuto y luego Vito comenzó a hablar muy deprisa:
-Salía del colegio cuando una mano me tapó los ojos para que no viera nada. Intenté chillar para pedir auxilio, pero la otra mano de mi atacante me tapó la boca. Me arrastraba hasta una esquina, creo que era la que está al lado de la clase de Biología. Y esa persona quitó la mano de mi boca. Preparada para chillar, cogí aire, pero aquella persona calló mi grito con un dulce beso. No sabía lo que hacía, pero yo le seguí el juego y le devolví el beso. Pregunté quién era, pero sólo recibía besos de respuesta. Su mano seguía tapando mis ojos, así que no veía absolutamente nada. De pronto los besos pararon y susurró en mi oído “Eres mi princesa, y siempre lo has sifdo”. Y supe que era Harry.

María la escuchaba, boquiabierta. Que ella supiera, Vito siempre había estado enamorada de Harry, incluso en preescolar presumía de que “cuando fuera mayor se casaría con el chico de los dulces”. Lo apodaban así porque sus padres eran panaderos y siempre llevaba pasteles y dulces de desayuno para todos.
-¿Estáis saliendo juntos? ¿Sois novios?-preguntó.
-¡SÍ!-chilló Vito, muy contenta.

María abrazó a su amiga y se alegró de que al menos dos personas hubieran disfrutado de San Valentín.

viernes, 24 de febrero de 2012

Capítulos siete y ocho






Capítulo siete


Las clases pasaron lentas y cuando el timbre indicó el final de las clases, María salió corriendo hacia su casa. No habia nadie, aunque María estaba acostumbrada. Sus padres trabajaban y su hermano pasaba la mayoría del tiempo fuera de casa. Tenía unos macarrones preparados anteriormente por su madre. Los probó pero estaban fríos, así que los metió en el microondas. Fue hasta su cuarto, cogió su ordenador portátil y lo llevó hasta la cocina, donde lo puso encima de la mesa. Lo encendió y esperó a que iniciara sesión, pero el pitido del microondas se adelantó. Cogió los macarrones y los puso al lado del ordenador. Se sirvió un vaso de Coca-Cola y lo llevó hasta la mesa, donde lo situó en frente suya. Se sentó en una silla y comenzó a comer mientras manejaba el ordenador. Inició sesión en su tuenti. Nada más entrar, un sonido vibrante indicó que alguien le había hablado por el “chat” . Era Carmen:
-¡Hola! Rápido, Louis está conectado.
 María le había contdo a su amiga que le iba a decir a Louis que le quería y que se iba a Londres. Sólo se lo había dicho a ella, ya que Vito era un poco alocada con estos temas. Bueno, y con casi todo. Rápidamente buscó Louis Pérez en su lista de personas conectadas e hizo clic en su nombre.
-¡Hola!-saludó María.
-¡Hola! ¿Estás mejor? La última vez que te vi no parecías estar muy bien.-contestó él.
-Sí, estoy mejor. Supongo que ya sabrás que es San Valentín… Y supongo que ya sabrás que te quiero. Sólo quería recordartelo… Te quiero.-escribió María. 
 Se dio cuenta de que se estaba mordiendo las uñas nerviosamente, así que lo dejó y comenzó a engullir los macarrones, a falta de algo que hacer para calmar sus nervios. Al rato le interrumpió de nuevo el sonido vibrante. ¡Le había contestado! 
-Yo también te quiero. 
A María se le paró el corazón y empezó a bailar por la cocina. Estaba muy contenta. Para segurarse de que aquello no era un sueño, le dijo a Carmen que le preguntara a Louis si era verdad que me quería. Pasaron diez minutos y Carmen contestó:

-Lo siento, María. Me ha dicho que no es verdad que te quiere, que te lo ha dicho para no fastidiarte San Valentín. Que te quiere sólo como a una amiga.

La noticia la golpeó como un mazo. Temblorosa, echó a llorar. Se lo había creído… Había creído que Louis la quería. Y no era verdad. Se sintió como una tonta. Estaba segura de que hubiera preferido que le dijera la verdad, que no le quería a que le mintiera. Después de dolor llegó la rabia. Aporreó la mesa de la cocina hasta hacerse daño y volvió al ordenador. Entró a su perfil de tuenti y puso un nuevo estado:

“No querías fastidiarme San Valentín.. ¡Pues lo has hecho! Prefiero que digas la verdad a que me digas lo que quería oír.”

Tenía la esperanza de que aquel idiota lo leyera. María no podía más, así que apagó el ordenador y lo cerró. El sonido de una cerradura le hizo entender que sus padres habían llegado. Se secó las lágrimas y puso una cara normal.

-¡Hola hija! Ya tenemos la lista de los lugares a los que puedes ir por la beca.-dijo su madre, sentándose a su lado.

-Londres, París, Nueva York, Madrid, Santander, Barcelona y la academia a la que siempre quisiste ir aquí en Marbella.-citó su padre.

-Me quedo en Marbella.-María pronunció las palabras letales.
Ya no había vuelta atrás. No quería ir a Londres, Louis era un idiota. Y su familia y sus amigos estaban en Marbella. No quería irse a un sitio donde iba a estar sola. Podría ir a la academia a la que nunca pudo ir por falta de dinero. ODIABA A LOUIS. En su cabeza se mezclaban todos estos pensamientos.



 Capítulo ocho

Después de decidir su destino, María se fue a su habitación y se dirigió hacia su baño. Cerró la puerta pero no le echó llave. Se desnudó lentamente. Se metió dentro de la bañera y se dio un baño caliente, cosa que ella odiaba. Puso el grifo hacia el lado derecho, de forma que el agua saliera lo más caliente posible. El agua quemaba, penetraba en su piel y le dejaba manchas rojas, pero a María no le importaba. Estaba en pleno ataque mental, sólo pensaba en su furia. Puso el tapón y dejó que la bañera se llenara. Cuando el agua estaba peligrosamente cerca de derramarse por los bordes de la bañera, María se sumergió. Se quedó allí abajo treinta segundos… Cincuenta… Un minuto… Le iban a estallar los pulmones, pero le daba igual. Ella no creía que existiera ningún motivo para seguir viviendo. Sólo pensaba en el daño que le había hecho Louis, no pensaba en su familia ni en sus amigos. Cuando pasó el minuto y medio, su cuerpo le pedía a gritos que debía subir a la superficie y respirar, pero se obligó a sí misma a permanecer allí abajo. A punto de que su cuerpo desfalleciera, dedicó lo que podría haber sido su último pensamiento a Louis, a decirle que le quería, pero que a la vez lo odiaba. La puerta del baño se abrió y su madre entró. Al ver a su hija ahogándose, fue corriendo hacia la bañera y sacó del agua la cabeza de María, la cual recuperó el aliento e inspiró profundamente, jadeando mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Su madre, sin importarle mojarse, la abrazó y la tranquilizó. La sacó de allí y la secó con una toalla. A pesar de que eran sólo las cuatro de la tarde, le puso el pijama y la acostó. María se durmió en seguida…
“-¿Por qué tienes los ojos tan grandes?-preguntaba María a Louis, mirando embobada esos ojos verdes que se iban agrandando.

-Para verte mejor.-contestaba él.
-¿Por qué tienes las orejas tan grandes?-preguntaba de nuevo. 
-Para escucharte mejor. 
-¿Y por qué tienes la boca tan grande?-preguntó finalmente.

-¡PARA MENTIRTE MEJOR!-exclamaba Louis, con una carcajada maligna.”        


María despertó del sueño bruscamente. Jadeó y vio que estaba sudando. Recordó que había intentado perder su vida voluntariamente. Con firmeza, se dijo:

-Soy una chica fuerte, no soy de esas niñas que se quieren suicidar por amor. Voy a luchar por mi vida, para que la gente no vea el daño que me ha hecho ese imbécil. Al contrario, voy a dejar que la gente vea cómo me hago más fuerte cada día. Cómo voy a ir uniendo esos pedacitos de corazón que él me arrancó y me rompió. Voy a vivir como me merezco.
Y, saliendo de la cama, hizo algo que nunca había hecho: gritar por la ventana que amaba su vida y que nada ni nadie podría arrebatársela.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Capítulo seis


Las tres horas consecutivas de clase que había después del recreo pasaron rápido. Eran las tres asignaturas favoritas de María: Música, Matemáticas y, por último, Francés. Cuando el timbre indicó el final de las clases, María se dirigió a la puerta del colegio para irse andando a su casa, como todos los días. ¡Tal fue su sorpresa al ver el coche de su padre aparcado en frente! Él estaba apoyado en el coche con una sonrisa de oreja a oreja. María corrió hacia él y le dio un beso. Entraron en el coche y María se sentó al lado de su padre, en el asiento del copiloto.
-¡Qué bien que hayas venido a recogerme! ¿Ha pasado algo?-preguntó ella.
Su padre sólo iba a recogerla cuando pasaba algo importante.
-Sí.-dijo él, simplemente.
-¿Qué ha pasado?
-Ya verás.-contestó su padre, misterioso.
Giró en dirección contraria a su casa y María reconoció el camino. Iban a su restaurante favorito. Estaba sorprendida. Sólo iban allí cuando ella hacía algo muy bien. Su padre aparcó cerca del restaurante. Cuando entraron en él, su madre estaba esperándolos en una mesa de tres. Claro, ¿cómo iba a ir su hermano? En silencio, sus padres observaban a María, la cual explotó:
-¿Me vais a contar de una vez qué ha pasado?
Pidieron lo que querían de comer y su madre, dándole un sorbo al vaso de vino tinto que tenía al lado, miró a su padre y asintieron.
-Hija, queremos decirte es que estamos muy orgullosos de ti y que confiábamos en ti. Sabíamos que eras capaz de conseguirlo porque eres única.-habló su madre.-Pero vamos al grano, lo que ha sucedido es…
-…que has ganado la beca.-completó su padre.
La noticia la dejó alucinada. María quería ganar una beca para irse a algún lugar del mundo donde hubiera una importante academia musical. Ella se presentó a la beca tocando el violín. En su conservatoria se había presentado casi todo el mundo y solamente había dos plazas, así que no esperaba ganar. En realidad no se había presentado para ir a alguna academia musical de gran prestigio, sino porque uno de los lugares donde podría ir era a Londres. María se levantó de la silla de un salto y corrió a abrazar a sus padres, loca de alegría. Ellos pensaban que su hija estaba tan contenta por poder criarse en lo que le quedaba de estudio en alguna importante academia musical. María sólo pensaba en Louis… En SU Louis. En aquellos ojos verdes que esperaba volver a ver muy pronto. Iba a dejar a su familia y a sus amigos por amor. Pero le daba igual.


El despertador sonó fuerte y claro, puntual como siempre. María lo apagó y se levantó sonriendo, mientras recordaba que el día anterior había estado toda la tarde llamando a todos sus amigos para darles la buena noticia. A todos menos a Louis. Desayunó y miró el calendario. Martes, 14 de de febrero. San Valentín. A María no le importaba no tener novio, ya que aquella tarde le contaría a Louis que se iba a Londres. Pero también le diría de nuevo que le quería. El recuerdo volvió de nuevo…
“-Te quiero.-soltó María despacio, recalcando cada silaba.
Louis la miró y le dijo:
-Lo siento.
Y se fue corriendo.”
A partir de aquel día los dos habían actuado como si nada hubiera ocurrido. María suspiró al recordar esto, pero con fuerza y valentía se dijo a sí misma que esa vez todo iría mejor.


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¿Muy corto? Lo siento, es que reservo cosas muy interesantes para los siguientes capítulos ;) Espero que os haya gustado, agradecería comentarios y opiniones. Gracias por leer. 


domingo, 19 de febrero de 2012

Capítulo cinco

 Una vez que las chicas fueron al médico del colegio, le dieron las gracias a Harry y a Will por haberlas defendido y se presentaron a Jason y Max. Todos hablaban tranquilamente.
 -No os había visto nunca por aquí.-comentó Vito a Jason y Max.
 -Somos nuevos en el colegio. Nuestro antiguo colegio cerró por problemas académicos y conocíamos a Harry y a Will así que nos hemos venido a este colegio. Es nuestro primer día.-explicó Jason.
 -¿Y vais a nuestra clase?-intervino Carmen.
 -Eh… Si sois de segundo de ESO, sección C, sí, vamos a vuestra clase, ja, ja. Nos han incluido allí porque un chico se ha ido. Somos hermanos y no nos querían separar, así que ahora seremos uno más en clase.-contestó Jason.
 María se sentó en el suelo de brazos cruzados. ¡Pues claro que se había ido un chico! Furiosa, cerró el puño con fuerza. No hacían más que recordarle a Louis.
 -Por cierto, ¿dónde está Louis? Hace tiempo que no lo vemos.-habló Max, interviniendo en la conversación por primera vez.
 Exasperada, María abrió los brazos al cielo y luego se puso las manos sobre la cara. 
-¿Conocéis a Louis?-se sorprendió Vito. 
-Sí, desde el momento en el que conocimos a Harry y a Will.-contestó Jason.
-Y… ¿no sabíais que él es el chico que se ha ido?-añadió Carmen.
 -No, no lo sabíamos.-dijo Max, muy sorprendido.
 María pensaba que aquello era un castigo. ¿Por qué todo el mundo le restregaba en la cara que Louis se había ido? Vito se dio cuenta de que su amiga lo estaba pasando mal al ver que todo el mundo hablaba de Louis, así que cambió de tema rápidamente.
 -¿No conocéis a nadie más del “cole”?
 -Eh… Sí, otra de las razones por las que hemos venido aquí es porque nuestras novias dan clases aquí.-explicó Jason.
 -¿Tenéis novias? Cuéntame, preséntanoslas.-dijo Will, interesado.
 -Ja, ja. ¡Chicas, venid!-gritó Jason a dos chicas rubias que estaban a unos metros de ellos. 
-Hola, cielo.-saludó una de ellas, situándose al lado de Jason.
 -Hola.-saludó la otra, más reservada, ocupando el lado de Max.
 -Estas son Elisa y Laura.-presentó Jason.
 Las dos chicas saludaron con la mano. Parecían chicas rebeldes, pero a la vez, simpáticas.
 -Sí, son de nuestro curso, pero nunca hemos hablado, como no estamos en la misma clase…-indicó Carmen.
 -Yo me tengo que ir, tengo que hablar con el conserje porque necesito una taquilla del colegio y necesito que me den una llave, que no sé dónde meter los libros.-dijo Jason.
 -Voy contigo.-añadió Elisa.
 -No hace falta, ya me han enseñado el camino…
 -He dicho que voy contigo.-interrumpió la chica, con tono dulce.
 -¡Qué cabezota!
 -Claro… Por eso me quieres, ¿verdad?-dijo Elisa poniendo cara de ángel.
-Eh… Sí, claro.-se rindió Jason, dándole un beso.
 Se cogieron de la mano y se alejaron. Max y Laura se despidieron de ellos y se quedaron con los demás. María se levantó del suelo y comenzó a hablar con Laura.
 -Hola. ¿Qué tal?-abrió conversación.
 -Bien, ¿y tú?
 -Se podría estar mejor, je, je. Elisa parece simpática.
 -Lo es. Puede ser muy cabezota, pero es un encanto.-rió Laura.
 -¿Sois muy amigas?-preguntó María.
 -Mucho.-asintió Laura.-Quedamos siempre para salir a tomar algo juntas, o a dar un paseo, o a tocar la guitarra.
 -¿Tocáis la guitarra?-se sorprendió María.
 -La guitarra eléctrica.-afirmó Laura.
 -Yo toco el violín.-comentó María.
 -¡Qué guay! A nosotras nos mola más lo eléctrico.
 -Ja, ja. Por cierto… Me ha sonado de algo una frase que ha dicho Elisa… Esa de… “Por eso me quieres, ¿verdad?”.
 -Eso es que te gusta “Queen”.
 A María se le iluminó la mirada. ¡Claro! Esa frase era del musical “We will rock you”, del grupo de música “Queen”.
 -¡Es cierto! Me encanta “Queen”. Entonces… ¿habéis visto el musical? ¿”We will rock you”?
 -Claro, nos encanta.-se animó Laura.
 Las dos chicas hablaban, entusiasmadas. Vito y Carmen se unieron a la conversación y no pararon de hablar hasta que el timbre indicó el final del recreo y el principio de la segunda etapa de los días de colegio. Todos entraron en el edificio y cada uno se dirigió hacia sus respectivas clases. Nadie se dio cuenta de que Harry no había abierto la boca y que solo tenía ojos para Vito.

sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo cuatro




María fue a por la pizza y la llevó a su cuarto. Blanca y ella se la zamparon en seguida. 
-María, muchísimas gracias por todo. Me voy a mi casa y así no te molesto más, te traigo la ropa mañana, la lavaré en mi casa.-Blanca hizo ademán de levantarse, pero María se lo impidió.
-Tú te quedas aquí hasta que estés recuperada. No puedes irte a tu casa estando tan débil. Llama a tus padres y diles que estás bien y que te quedas a dormir a casa de una amiga.
-Javier… Javier me ha quitado el móvil.
Los ojos de Blanca se empañaron al recordar a Javier.
-¿Mi hermano te hizo todo esto?-preguntó María, señalando moratones que había por la cara y los brazos de Blanca.
-Si tu hermano es Javier, sí. Yo no quería ir demasiado lejos con él, ya me entiendes, pero él me forzó y yo intenté resistirme… Por eso me pegó y me encerró en aquel agujero inmundo al que él llama su armario. Me arrancó la ropa, me quitó el móvil y llevo ahí dentro dos días.-lloraba Blanca.
María la tranquilizó y dejó que Blanca llamara a sus padres para no preocuparlos. Acostó a su nueva amiga. Se pasó todo el fin de semana llevándola de compras, comiendo con ella y muchas cosas más para que se olvidara de Javier, su estúpido hermano mayor y el exnovio de Blanca. El sábado y el domingo se pasaron rápido…

El despertador sonó puntual a las siete de la mañana y María lo apagó, somnolienta. Se levantó y se vistió con el uniforme del colegio. Se tomó un vaso de leche y abrió la ventana para comprobar el tiempo. Muchas gotas de agua azotaron su rostro. Era increíble como podía cambiar el tiempo en solo un fin de semana. Se abrigó bien y se despidió de sus padres para irse andando al colegio, como siempre. María odiaba los lunes, a primera hora de clases tenía Tecnología y no soportaba esa asignatura. Las tres horas que había antes del recreo se las pasó mirando la silla vacía que tenía a su lado, con tristeza. Lo echaba de menos cada vez más… El timbre indicó el final de la primera etapa de los días de colegio y el principio del recreo. María no tenía ganas de hablar con nadie, así que salió sola al patio, en el que el cielo dejaba ver unos tímidos rayos de sol que se asomaban detrás de algunas nubes negras. En una esquina comenzó a tomarse el bocadillo que había traído de su casa, con desgana y con la cabeza gacha. Una sombra enorme le hizo levantar la vista. Un chico de su curso estaba observándola. Era el típico chulo que se creía el mejor y que iba repartiendo tortas con cualquiera que se encontraba.
-¿Qué quieres, Sam?-preguntó María, cansada.
-¡Oh, pobrecita!-dijo él con sarcasmo.-Louis se ha ido y no va a volver, tú osito del amor se ha ido, ja, ja.
Y le pegó una bofetada en el mismo sitio donde le había pegado su hermano.
-¡María!-gritó Vito, que lo había visto todo de lejos.
Corrió hacia ella con Carmen pegada a los talones.
-¡Déjala en paz!-ordenó Carmen a Sam.
Como respuesta, el chico dirigió su puño hacia el ojo de María, que se desplomó en el suelo, gimiendo. Vito, furiosa, arremetió contra Sam, el cual la cogió de los pelos fuertemente. Una voz sonó por detrás de el enorme chico.
-¿Qué mierda estás haciendo?
Era Harry, que estaba junto con Will y otros dos chicos, uno de ellos con ojos de color miel y el otro de ojos color marrones. Sam se rió.
-¿Qué me vais a hacer por coger de los pelos a la pelirroja?-se burló, pegándole un puñetazo en la boca a Carmen.
Soltó a Carmen y volvió a coger a Vito por los pelos, pegándole arañazos en la cara.
-¡Que la dejes en paz!-Harry estaba que echaba humo.
Al ver que Sam seguía pegando a Vito, Harry alzó su puño hacia él y Sam soltó a Vito para pelear con Harry. De pronto, sin previo aviso, Will saltó con el pie en alto y le dio una patada en pleno estómago a Sam, que, dolorido, se alejó de allí. Los dos chicos se acercaron  a Carmen, Vito y María, preocupados. Carmen solo tenía el labio inferior un poco hinchado, Vito tenía los pelos de tal manera que parecía una loca y sufría arañazos por toda la cara, mientras María estaba tirada en el suelo, con la mano sobre el ojo y una gran marca roja en una de sus mejillas. Los cuatro chicos ayudaron a las chicas a ir al médico del colegio y los nuevos se presentaron.
-Yo soy Max, y este es Jason.-dijo un chico de ojos canela. 

viernes, 17 de febrero de 2012

Capítulo tres


Tumbada en su cama, María lloraba, furiosa. No debería haber hecho esa confesión aquella tarde de verano. A partir de ese momento Louis se había mostrado distante. Unos golpes suaves la sacaron de sus pensamientos. Enterró la cabeza en algún cojín que había en su cama para que quien fuera el que llamaba a la puerta no viese la gran mancha rojiza que cubría su mejilla y sus lágrimas.
-Pasa.-dijo.
Su madre entró. Al verla en la cama escondiendo su rostro, se preocupó.
-Hija, ¿estás bien?
-Sí, mamá.-respondió María sin levantar la cabeza.
-He venido para avisarte de que tu padre y yo nos vamos ya. ¿Has llamado a tus amigas?
-Eh… No, ahora las llamo, aunque no sé si podrán venir…
-Ten cuidado, no me gusta que estés sola.-dijo su madre, acariciándole el pelo.
Se fue hasta la puerta y cerró suavemente. Cinco minutos después María oyó que se cerraba la puerta principal de la casa. De pronto oyó un sollozo. ¿Quién sería? Se oía en dirección del cuarto de su hermano, pero él no podía estar llorando. Cautelosa, abrió la puerta de la habitación de Javier. No había nadie a la vista, pero el llanto seguía sonando. La puerta de la casa se cerró de un portazo y María supo que su hermano se había ido. Se acercó al armario de Javier. Estaba cerrado con llave, pero la llave estaba puesta en la cerradura, de modo que desde dentro no se pudiera abrir pero desde fuera sí. Abrió la puerta y soltó una exclamación. Una chica rubia lloraba en la esquina del armario, estaba muy despeinada y sus ropas estaban hechas jirones.
-¡Dios mío!-soltó María.
La ayudó a salir. La chica estaba débil, pero en cuanto logró salir del armario, corrió fuera de la habitación hacia el pasillo. María la siguió y se la encontró sentada en la esquina, en el frío suelo de piedra, con la cabeza entre las piernas. Estaba llorando compulsivamente. María se agachó y se sentó a  su lado. La abrazó.
-Ya está, tranquila, ya pasó todo... Sh, no llores, tranquila.-consolaba.
La ayudó a levantarse y la llevó a su habitación. La condujo hasta su baño propio y se dirigió hacia la bañera. Puso el tapón y preparó un baño caliente.
-Báñate, aquí tienes una toalla, voy a por ropa limpia para ti.-le indicó.
María no sabía quién era aquella chica y tenía curiosidad por saberlo, pero en ese momento lo único que le importaba era que aquella chica necesitaba su ayuda. Salió del baño y se dirigió hacia su armario. Cogió un chándal, lo más abrigado que tenía y ropa interior limpia. Se lo dejó todo en el baño y la dejó a solas para que pudiera asearse. María fue a la cocina. Ella tenía calor, pero preparó un chocolate caliente para la chica, ya que debía tener frío al estar un tiempo casi sin ropa. Eran a penas las ocho de la tarde, pero María puso una pizza en el horno, decidida a compartirla con aquella extraña chica. Fue a su cuarto con el chocolate caliente y lo dejó encima de la mesilla de la noche. La chica salió del baño con el pelo peinado y mojado, ya que María no tenía secador del pelo. María le indicó que se tumbara en la cama y la arropó. La chica se incorporó y María le dio el chocolate caliente. Agradecida, la chica se lo bebió y dijo:
-Gracias, Aún no sabes quien soy. Me llamo Blanca.
-De nada. Yo soy María.
Aquello iba a ser el principio de una amistad.


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¡Hola! Siento que sea tan corto, pero no os preocupéis, este fin de semana subiré uno o dos capítulos más. ¡Gracias por leer!




viernes, 10 de febrero de 2012

Capítulo dos



 María llegó a su casa, abrió la puerta con furia y la cara de su hermano se asomó por el pasillo.
-Pesada, ¿no puedes hacer menos ruido?-dijo, groseramente.
-¡Que te calles!-le chilló María, nerviosa.
Cuando iba a disculparse por ser tan borde, su hermano respondió, irónicamente:
-Uy, perdona.
Lo que recibió de respuesta fue un dedo corazón de su hermana pequeña alzado en el aire.
-¡Bah!-refunfuñó él, reteniendo su furia.-Tienes suerte de que no te haya pegado un bofetón.
Harta de las tonterías y de las chulerías de su hermano, María le desafió:
-Pégame, Javier, pégame si te atreves. Hazlo como se lo haces a tus novias, una bofetada limpia que deje marca…
Su hermano fue hacia ella con la mano en alto, dispuesto a darle una buena torta, pero cuando escuchó unas pasos que venían de atrás, retiró su mano y se metió en su habitación. María se secó las lágrimas que surcaban su rostro a causa de Louis, porque a ella no le daba miedo su hermano. Su madre se acercó y le dio dos besos en las mejillas.
.Hola, tesoro, ¿qué tal en casa de Carmen?
-Muy bien.-respondió María, intentando sonar lo más natural posible.
-Me alegro. Por cierto, esta noche tu padre y yo tenemos una cena del trabajo de tu padre y está a dos horas de aquí, por lo que cenaremos y nos quedaremos a dormir en un hotel de allí cerca. Tu hermano se va a casa de un amigo, así que si quieres invita a una o dos amigas a casa a dormir.
-Genial, mamá, luego las llamo.
-Vale, cielo.-dijo su madre.
María vio a su madre desaparecer por la esquina y se adentró en el pasillo. Pasando por la habitación de Javier, su hermano mayor, la puerta se abrió y una mano le surcó una de sus mejillas. La bofetada sonó por la casa y María se llevó la mano a la cara, dolorida. Parpadeando para no llorar, estuvo a punto de soltarle un insulto a su hermano, pero la puerta se cerró silenciosamente.
-¿Qué ha sido ese sonido?-preguntó su madre, Lucía, desde su cuarto.
-Nada mamá, que se me ha caído una cosa.-respondió María lo más normal posible.
Ella se encerró en su habitación y se dirigió hacia el baño propio que tenía. Se miró en el espejo y vio una gran marca roja en su mejilla derecha. Molesta, se echó agua y soltó su mochila cerca de su cama, en la que se tumbó. Sacó la foto de Louis y la miró. La tiró al suelo y sonó una canción:

Drop everything now
Meet me in the pouring rain
Kiss me on the sidewalk
Take away the pain
Cause I see sparks fly
When ever you smile
Get me with those green eyes…

María gimió. Otra vez aquella canción, esos recuerdos… Esos ojos verdes… Resignada, cogió el aparato que emitía la canción. Era su móvil, tenía un mensaje.
“¿Estás bien? Te has ido corriendo y estoy preocupado por ti. ¿Estás en tu casa? Estoy aquí en frente. Sal y hablamos. Louis”
María pensaba:
“¿Por qué? ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? Si se va lo quiero olvidar, si no puedo volver a verlo, lo quiero olvidar cuanto antes.”
Le dio a la tecla “Responder”.
“Lo siento, no estoy en casa. Suerte en Londres.”
A los cinco minutos le llegó la respuesta:
“Si no estás en tu casa… ¿Quién hay en tu habitación? Está la luz encendida…”
Harta, contestó:
“No sé, ya te he dicho que no estoy. Ahora no puedo hablar. Adiós.”
Se le hacía difícil decirle adiós… Aunque fuera por escrito. Apagó el móvil para no sufrir más. Recuerdos le venían a la mente… Risas en la playa en verano, ella, Louis, Vito, Carmen y dos amigos de Louis, Harry y Will. Noches de verano, todos juntos… Los seis, mejores amigos para siempre. Sacudió la cabeza. No quería recordar aquellos momentos. Quería comenzar una vida nueva, una vida sin él. Pero un recuerdo más le vino a la mente.
“Una tarde de verano, en la playa, María y Louis se salpicaban con el agua del mar, riéndose, mientras los demás hacían lo mismo con su respectivo amigo, cuando Vito chilló:
-¡CAMBIO!
Y todos cambiaron de persona a quien echarle agua. Carmen y María se tiraban la una a la otra, Vito y Harry hacían lo mismo y Will y Louis los imitaban, un poco más lejanos a los demás. María se zambulló debajo del agua para evitar una ola grande que venía hacia ella, sin poder evitar acercarse a Louis y a Will.
-Bueno… Es que… Me gusta una chica…-le decía el primero a su amigo.
A María se le encogió el corazón. Si a Louis le gustaba otra, ella perdería su oportunidad. Armándose de valor, se acercó a Louis y le dijo:
-Louis, ¿puedo hablar contigo a solas?
-Claro.
Nadaron hasta una zona alejada, donde el sol creaba ondas en el agua. Flotaron y María se puso cerca de él.
-Dime.-indicó Louis.
-Esto… Es que… Louis…-tartamudeó María.
-Tranquila, dímelo despacio.-sugirió él.
-Te quiero.-soltó María, despacio, recalcando cada sílaba.”

miércoles, 8 de febrero de 2012

Capítulo uno



Un día soleado de marzo lucía en un gran pueblo de Málaga, Marbella. María Lobato, Victoria Ruiz y Carmen Jiménez estaban tumbadas en el jardín de esta última, aprovechando el magnífico sol que daba de lleno.

-¡Esto es genial!-exclamó Victoria, a la que llamaban Vito.- Si este tiempo sigue así pronto podremos bañarnos en la piscina.
Señaló la enorme masa de agua cristalina que había a unos metros delante suya.
-Eso si te invito a mi casa para bañarte.-dijo Carmen.
-¡Serás…!-Vito se levantó y corrió a hacerle cosquillas a su amiga.
-¡Para! ¡Qué era broma, claro que te voy a invitar! Para, por favor, para.-reía Carmen.
María se incorporó mientras las miraba, divertida, sacudiendo la cabeza y se tumbó, acalorada. Vito paró de hacerle cosquillas a su amiga, jadeó y se tumbó al lado de María.
-Hace demasiado calor.-suspiró.
-¡Parece verano!-exclamó Carmen.
-¡Ay, ojalá!-dijo Vito.-estoy harta del colegio.
-Meri, ¿estás bien? Pareces callada.
Vito y Carmen dirigieron la vista hacia su amiga. María, o como la llamaban sus amigas, Meri, estaba tumbada con los ojos cerrados.
-¡No me lo puedo creer!-chilló Vito.-¡Se ha dormido!
-Vito, no chilles.-la reprendió Carmen.
Sin hacerle caso, Vito se incorporó y gateó hasta María. Le gritó al oído:
-¡TIERRA LLAMANDO A MARÍA!
Esta dio un respingo y le dio un manotazo a Vito.
-Lo siento, tenía que despertarte.-se defendió esta.
-Idiota.-le dijo María, de broma.-No estaba dormida. ¡Qué susto me has dado!
-Seguro que sí estabas dormida.-la pinchó Vito.
-¡Qué no! ¡Estaba pensando!
-Pues sí que piensas profundamente.
-Cállate.-regañó Meri.
-No quiero.
-Idiota.
-Imbécil.
-Fea.
-Tonta.
-Chicas…-dijo Carmen, en tono suave.
Al ver que sus amigas seguían insultándose, gritó:
-¡Chicas!
María y Vito la miraron y alzaron sus manos para chocar los cinco, sonrientes.
-Te lo has creído.-señaló María.
-Era una pelea de broma.-añadió Vito.
-Cabronas.-se le escapó a Carmen.
Y se dio la vuelta. Ella pensaba hacer lo mismo que sus amigas. Iba a fingir estar enfadada con ellas por hacerles la broma.
-¿Se ha enfadado?-oyó Carmen susurrar a María.
-No creo. Espera a que se dé la vuelta y lo averiguamos.-susurraba Vito, de respuesta.
Pasó un rato sin que Carmen les dirigiera la palabra y sin que se diera la vuelta. María no aguantaba más que su amiga se sintiera dolida, así que se levantó y se sentó al lado de Carmen. Esta puso sus manos en su cara, de forma que no se le viera. Vito comenzó a preocuparse y exclamó:
-¡Si es una tontería! No te enfades, Carmencita. Lo sentimos mucho.
María asintió. Carmen abrió un poco los dedos y dejó sus ojos al descubierto. Luego, apartó sus manos y se echó para atrás. Sonrió y dijo:
-¡Os lo habéis creído!
Y se revolcó por la hierba mientras se le saltaban las lágrimas de la risa. Vito y María se miraron con incredulidad . Con otra mirada se pusieron de acuerdo y dieron un grito de guerra mientras corrían a abalanzarse sobre Carmen. María la cogió de los brazos y Vito de las piernas y, lentamente, se acercaron al borde de la piscina, mientras la víctima pataleaba y a la vez reía.
-¡No! ¡A la piscina no! ¡Que estoy vestida, voy con ropa, no con bañador!
Sin hacerle caso, Vito y María contaron.
-Uno…
-Dos…
-¡¡¡TRES!!!
Y dejaron caer a Carmen a la piscina. Antes de que la pobre desafortunada les dijera algo, se cogieron de las manos y se tiraron a la piscina, salpicando a Carmen.
-¡Estáis locas!-chillaba esta, mientras reía.
Cuando las ropas pesaban tanto que no podían ni moverse, salieron de la piscina y se secaron un poco con las toallas. Luego se cambiaron de ropa por una seca en el cuarto de Carmen y se tiraron en la cama de matrimonio gigantesca de esta última. Un móvil sonó y Vito chilló:
-¡Es el mío!
Y corrió a cogerlo. Carmen y María la miraron. Tenían curiosidad por saber quién era. Vito escuchó algo que decía la persona que le había llamado y puso los ojos en blanco. Con voz aburrida contestó:
-Sí, mamá.
Sus amigas desviaron su atención al iPod de Carmen y pusieron “Sparks Fly”, una canción de Taylor Swift. Desafinando  aposta, cantaban los pequeños trozos que se sabían y cuando llegaron al estribillo cantaron bien, mientras reían:
Drop everything now
Meet me in the pouring rain
Kiss me on the sidewalk
Take away the pain
Cause I see sparks fly
When ever you smile
Get me with those green eyes…
Llegados a este punto, María calló repentinamente . Con los labios pronunció “green eyes” muy bajito, pensando en esos ojos verdes que no iba a volver a ver. Pertenecían a Louis Pérez, un chico de su clase del que estaba enamorada y al que no iba a ver nunca más. Era guapo, alto y rubio, con unos ojos verdes, por supuesto. Unos ojos verdes que siempre le habían dejado hechizada.  Una lágrima escapó del ojo derecho de María y corrió por su mejilla. Carmen paró de cantar cuando se dio cuenta de que lo estaba haciendo sola. Miró a su amiga y vio aquella lágrima. María vio que Carmen le había la había visto llorando y se secó aquella lágrima traicionera de sus sentimientos que reflejaba todo su dolor. Forzó una sonrisa y con un gesto le indicó a su amiga que no dijera nada a Vito. Carmen asintió en silencio y María comenzó a cantar de nuevo, como si no hubiera pasado nada. Su amiga la observó, preocupada, pero al ver que María no se inmutaba, siguió cantando a la vez que su amiga. Vito volvió y les dijo que se tenía que ir a su casa. María se levantó y dijo que a ella también le apetecía irse y que le acompañaba hasta su casa. Las dos chicas cogieron sus mochilas y cada una sus carpetas, de distinto color. Se despidieron de Carmen y salieron de casa de esta última. Charlaron hasta llegar a casa de Vito y se despidieron con dos besos en las mejillas. María siguió andando con su carpeta roja en las manos. Se detuvo y abrió la carpeta. Cogió un papel y lo observó. La cara de Louis le sonreía. Apretó la foto contra su pecho y pensó, furiosa:
“No puedo ser tan tonta, se ha ido y no va a volver, esa es la realidad, tengo que tirar esta foto.”
Una ráfaga de viento arrancó la fotografía de sus manos y ella se dio cuenta de que no podía perder la foto, estaba enamorada y necesitaba verle de vez en cuando, aunque solo fuera en un papel. Corrió tras la foto y la atrapó. Sus dedos dejaron caer la foto, que se posó en el suelo. María se agachó para recogerla, pero unas manos que no eran las suyas se adelantaron. María subió la vista. No podía ser…
-¿Esto es tuyo?-sonrió Louis.
-¡Louis! Eh… Sí, sí, es mío. Es que…-al no encontrar una escusa convincente de tener una foto suya, María se calló, avergonzada.
-Toma.-Louis le tendió la foto y María la cogió.
-Gracias. Tú… ¿Tú no te ibas a Londres?-preguntó ella.
Estaba feliz. Louis no se había ido. Podría ver sus ojos verdes cuando se lo encontrara. La sonrisa de Louis desapareció de su cara.
-Sí, de hecho, me voy esta misma noche. Pero antes necesitaba despedirme de todos mis amigos.
María se derrumbó en su interior. Aquel chico… Aquellos ojos verdes… No los iba a volver a ver. Intentó contenerse y no soltar ninguna lágrima. Louis se acercó a su mejilla y le dijo al oído.
-Adiós, María.
Y le dio un dulce beso en la mejilla de María. Esta cogió su carpeta, guardó la foto y se marchó de allí corriendo, mientras un sinfín de lágrimas corrían por sus mejillas. Estaba enamorada de Louis Pérez.