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sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo cuatro




María fue a por la pizza y la llevó a su cuarto. Blanca y ella se la zamparon en seguida. 
-María, muchísimas gracias por todo. Me voy a mi casa y así no te molesto más, te traigo la ropa mañana, la lavaré en mi casa.-Blanca hizo ademán de levantarse, pero María se lo impidió.
-Tú te quedas aquí hasta que estés recuperada. No puedes irte a tu casa estando tan débil. Llama a tus padres y diles que estás bien y que te quedas a dormir a casa de una amiga.
-Javier… Javier me ha quitado el móvil.
Los ojos de Blanca se empañaron al recordar a Javier.
-¿Mi hermano te hizo todo esto?-preguntó María, señalando moratones que había por la cara y los brazos de Blanca.
-Si tu hermano es Javier, sí. Yo no quería ir demasiado lejos con él, ya me entiendes, pero él me forzó y yo intenté resistirme… Por eso me pegó y me encerró en aquel agujero inmundo al que él llama su armario. Me arrancó la ropa, me quitó el móvil y llevo ahí dentro dos días.-lloraba Blanca.
María la tranquilizó y dejó que Blanca llamara a sus padres para no preocuparlos. Acostó a su nueva amiga. Se pasó todo el fin de semana llevándola de compras, comiendo con ella y muchas cosas más para que se olvidara de Javier, su estúpido hermano mayor y el exnovio de Blanca. El sábado y el domingo se pasaron rápido…

El despertador sonó puntual a las siete de la mañana y María lo apagó, somnolienta. Se levantó y se vistió con el uniforme del colegio. Se tomó un vaso de leche y abrió la ventana para comprobar el tiempo. Muchas gotas de agua azotaron su rostro. Era increíble como podía cambiar el tiempo en solo un fin de semana. Se abrigó bien y se despidió de sus padres para irse andando al colegio, como siempre. María odiaba los lunes, a primera hora de clases tenía Tecnología y no soportaba esa asignatura. Las tres horas que había antes del recreo se las pasó mirando la silla vacía que tenía a su lado, con tristeza. Lo echaba de menos cada vez más… El timbre indicó el final de la primera etapa de los días de colegio y el principio del recreo. María no tenía ganas de hablar con nadie, así que salió sola al patio, en el que el cielo dejaba ver unos tímidos rayos de sol que se asomaban detrás de algunas nubes negras. En una esquina comenzó a tomarse el bocadillo que había traído de su casa, con desgana y con la cabeza gacha. Una sombra enorme le hizo levantar la vista. Un chico de su curso estaba observándola. Era el típico chulo que se creía el mejor y que iba repartiendo tortas con cualquiera que se encontraba.
-¿Qué quieres, Sam?-preguntó María, cansada.
-¡Oh, pobrecita!-dijo él con sarcasmo.-Louis se ha ido y no va a volver, tú osito del amor se ha ido, ja, ja.
Y le pegó una bofetada en el mismo sitio donde le había pegado su hermano.
-¡María!-gritó Vito, que lo había visto todo de lejos.
Corrió hacia ella con Carmen pegada a los talones.
-¡Déjala en paz!-ordenó Carmen a Sam.
Como respuesta, el chico dirigió su puño hacia el ojo de María, que se desplomó en el suelo, gimiendo. Vito, furiosa, arremetió contra Sam, el cual la cogió de los pelos fuertemente. Una voz sonó por detrás de el enorme chico.
-¿Qué mierda estás haciendo?
Era Harry, que estaba junto con Will y otros dos chicos, uno de ellos con ojos de color miel y el otro de ojos color marrones. Sam se rió.
-¿Qué me vais a hacer por coger de los pelos a la pelirroja?-se burló, pegándole un puñetazo en la boca a Carmen.
Soltó a Carmen y volvió a coger a Vito por los pelos, pegándole arañazos en la cara.
-¡Que la dejes en paz!-Harry estaba que echaba humo.
Al ver que Sam seguía pegando a Vito, Harry alzó su puño hacia él y Sam soltó a Vito para pelear con Harry. De pronto, sin previo aviso, Will saltó con el pie en alto y le dio una patada en pleno estómago a Sam, que, dolorido, se alejó de allí. Los dos chicos se acercaron  a Carmen, Vito y María, preocupados. Carmen solo tenía el labio inferior un poco hinchado, Vito tenía los pelos de tal manera que parecía una loca y sufría arañazos por toda la cara, mientras María estaba tirada en el suelo, con la mano sobre el ojo y una gran marca roja en una de sus mejillas. Los cuatro chicos ayudaron a las chicas a ir al médico del colegio y los nuevos se presentaron.
-Yo soy Max, y este es Jason.-dijo un chico de ojos canela. 

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