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viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo diecinueve


Apenas le dio tiempo a salir por la puerta, ya que dos brazos enormes la agarraron.
-¿Se puede saber dónde estabas?-preguntó Will, visiblemente nervioso.
-Dando tumbos por ahí.-contestó María.
-No, si eso ya lo veo.-dijo él, furioso.-¿¡Tú sabes el susto que nos has dado!?-chilló.
-Pe…Perdón.-balbuceó ella, culpable. La lágrimas empezaban a aflorar a sus ojos por haber asustado a sus amigos.
-Sh.. Venga, no llores.-se suavizó Will y la abrazó.-Perdóname tú a mí por haberte gritado de esa manera.
Una cabellera pelirroja, fruta de una persona que venía corriendo, entró en el pasillo en el que estaban ellos dos y la persona exclamó el nombre de su amiga.  Vito corrió hacia María y la apartó de Will. Cerrando de un portazo, la metió en la habitación y la dejó sola para que se pusiera el pijama y se durmiera. Al cabo de unos minutos, María dormía profundamente, intentado olvidarse del idiota de Louis Pérez/López (elegid vosotros, yo no sé qué apellido ponerle).


Vito salió de la habitación y fue en busca de Will. Lo encontró en el salón hablando con su novio. Se acercó y le dio un beso a Harry y  después se dirigió a Will.
-Tú. Eres. Tonto. ¿Por qué? ¿Le? ¿Chillas? ¿A? ¿María?-a cada palabra le daba una torta no muy fuerte en la nuca.
Will aceptaba las tortas en silencio y miró a Harry. Su mirada decía “Llévatela de aquí”. Harry cogió a Vito suavemente de la mano y le dijo algo al oído. Ella rió y los dos salieron del salón.

La noche cayó profunda y pesada para todos. Poco a poco, cada uno de ellos se sumergió en los brazos de Morfeo.


Un rayo de sol descansaba en sus párpados. Entreabrió los ojos y sonrió al ver las preciosas vistas que se avistaban por la ventana. El mar lanzaba destellos por el reflejo del sol y a María se le había olvidado que Louis Pérez/López existía.

Vito y Carmen andaban ajetreadas en la cocina, junto con Jason, haciendo el desayuno para los demás, ya que eran los primeros en levantarse. Los demás dormían profundamente, o eso creían ellos.

Per el olvido no fue por mucho tiempo. Esos ojos verdes volaron a su mente en cuanto contempló los suyos marrones en el espejo. Se peinó suavemente, deslizando el cepillo por su pelo fino y liso. Se vistió lentamente, con el recuerdo de esos ojos clavados en la mente. Ya era domingo y marchaban a casa sus amigos y ella, así que hizo la maleta y estaba a punto de salir de la habitación, cuando de pronto se acordó de algo. Corrió debajo de la cama con esos intensos ojos verdes en la cabeza.

-¡Boo!
Carmen y Vito chillaron al escuchar un grito a sus espaldas. Jason reía y las chicas pusieron cara de alivio al ver que era Harry. Vito miró enfurruñada a su novio.
-Me encanta cuando te comportas como una niña pequeña.-sonrió él.
Vito le dio la espalda para que Harry no viera el destello de amor que apareció en sus ojos. Unos dedos se deslizaban por sus costillas, haciéndole cosquillas e intentó aguantar la risa.
-Eres muy mala mintiendo.-comentó su novio.
Mientras le seguía haciendo cosquillas, Vito no pudo evitar soltar una carcajada y suplicaba que parase. Carmen y Jason se lanzaban miradas cómplices mientras hacían tortitas.
-¡Yo no he mentido!-protestó Vito, cuando se le pasó el ataque de risa.
-No, pero has fingido que estabas enfadada. Disculpa mi error, princesa. Eres muy mala fingiendo.-dijo Harry, pícaro, y se inclinó para juntar sus labios con los de su novia.
Cuando estaba a dos milímetros de la boca de Vito, se vio cubierto de nata. No se había dado cuenta de que su novia había cogido el spray de la nata. No se dio cuenta hasta que se vio embadurnado.

María arrastró su cuerpo un poco más. Tanteó con la mano y resopló. No estaban allí debajo. Estaba segura de que había dejado allí los cuadernos. Alargó el brazo. En efecto, estaban allí. Los sacó con esfuerzo y los metió en su maleta. Ya los leería en casa.

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