Apenas le dio
tiempo a salir por la puerta, ya que dos brazos enormes la agarraron.
-¿Se puede saber
dónde estabas?-preguntó Will, visiblemente nervioso.
-Dando tumbos
por ahí.-contestó María.
-No, si eso ya
lo veo.-dijo él, furioso.-¿¡Tú sabes el susto que nos has dado!?-chilló.
-Pe…Perdón.-balbuceó
ella, culpable. La lágrimas empezaban a aflorar a sus ojos por haber asustado a
sus amigos.
-Sh.. Venga, no
llores.-se suavizó Will y la abrazó.-Perdóname tú a mí por haberte gritado de
esa manera.
Una cabellera
pelirroja, fruta de una persona que venía corriendo, entró en el pasillo en el
que estaban ellos dos y la persona exclamó el nombre de su amiga. Vito corrió hacia María y la apartó de
Will. Cerrando de un portazo, la metió en la habitación y la dejó sola para que
se pusiera el pijama y se durmiera. Al cabo de unos minutos, María dormía
profundamente, intentado olvidarse del idiota de Louis Pérez/López (elegid
vosotros, yo no sé qué apellido ponerle).
Vito salió de la
habitación y fue en busca de Will. Lo encontró en el salón hablando con su
novio. Se acercó y le dio un beso a Harry y después se dirigió a Will.
-Tú. Eres.
Tonto. ¿Por qué? ¿Le? ¿Chillas? ¿A? ¿María?-a cada palabra le daba una torta no
muy fuerte en la nuca.
Will aceptaba
las tortas en silencio y miró a Harry. Su mirada decía “Llévatela de aquí”.
Harry cogió a Vito suavemente de la mano y le dijo algo al oído. Ella rió y los
dos salieron del salón.
La noche cayó
profunda y pesada para todos. Poco a poco, cada uno de ellos se sumergió en los
brazos de Morfeo.
Un rayo de sol
descansaba en sus párpados. Entreabrió los ojos y sonrió al ver las preciosas
vistas que se avistaban por la ventana. El mar lanzaba destellos por el reflejo
del sol y a María se le había olvidado que Louis Pérez/López existía.
Vito y Carmen
andaban ajetreadas en la cocina, junto con Jason, haciendo el desayuno para los
demás, ya que eran los primeros en levantarse. Los demás dormían profundamente,
o eso creían ellos.
Per el olvido no
fue por mucho tiempo. Esos ojos verdes volaron a su mente en cuanto contempló
los suyos marrones en el espejo. Se peinó suavemente, deslizando el cepillo por
su pelo fino y liso. Se vistió lentamente, con el recuerdo de esos ojos
clavados en la mente. Ya era domingo y marchaban a casa sus amigos y ella, así
que hizo la maleta y estaba a punto de salir de la habitación, cuando de pronto
se acordó de algo. Corrió debajo de la cama con esos intensos ojos verdes en la
cabeza.
-¡Boo!
Carmen y Vito
chillaron al escuchar un grito a sus espaldas. Jason reía y las chicas pusieron
cara de alivio al ver que era Harry. Vito miró enfurruñada a su novio.
-Me encanta
cuando te comportas como una niña pequeña.-sonrió él.
Vito le dio la
espalda para que Harry no viera el destello de amor que apareció en sus ojos.
Unos dedos se deslizaban por sus costillas, haciéndole cosquillas e intentó
aguantar la risa.
-Eres muy mala
mintiendo.-comentó su novio.
Mientras le
seguía haciendo cosquillas, Vito no pudo evitar soltar una carcajada y
suplicaba que parase. Carmen y Jason se lanzaban miradas cómplices mientras
hacían tortitas.
-¡Yo no he
mentido!-protestó Vito, cuando se le pasó el ataque de risa.
-No, pero has
fingido que estabas enfadada. Disculpa mi error, princesa. Eres muy mala
fingiendo.-dijo Harry, pícaro, y se inclinó para juntar sus labios con los de
su novia.
Cuando estaba a
dos milímetros de la boca de Vito, se vio cubierto de nata. No se había dado
cuenta de que su novia había cogido el spray
de la nata. No se dio cuenta hasta que se vio embadurnado.
María arrastró
su cuerpo un poco más. Tanteó con la mano y resopló. No estaban allí debajo.
Estaba segura de que había dejado allí los cuadernos. Alargó el brazo. En
efecto, estaban allí. Los sacó con esfuerzo y los metió en su maleta. Ya los
leería en casa.
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