Capítulo veintidós
Llegaron a su destino con risas y bromas y
bajaron del coche. Cogieron las maletas y se despidieron del conductor, que los
miró con cara de querer matarlos.
-¡Qué antipático!-comentó Carmen.
Blanca, que no había abierto la boca en todo el
camino, se despidió de ellos y Vito puso una cara de alivio que parecía decir
que no quería verla más. Era natural, se besó con su novio. María gritó “Mamá”
al ver a un coche asomar por la esquina de la calle y agitó la mano en forma de
despedida para sus amigos, mientras corría hacia el coche.
-¡Hola, mamá!
-Hola, cielo. Dile a Vito que se viene con
nosotras.
María abrió la ventanilla y le gritó a Vito que
se acercase.
-Te vienes con nosotras.-explicó María a su
amiga, que tenía cara desconcertada.
-Tu madre y tu padre se han ido de viaje de
negocios y te quedas con nosotros una semana.-aclaró Lucía, la madre de María.
Vito se subió al coche y llegaron a casa de María
a eso de las dos.
-Subid al cuarto y asearos un poco, voy a hacer
la comida.-anunció Lucía.
A María y a Vito se les revolvió el estómago al
oír hablar de comida y explicaron a Lucía que habían desayunado mucho y que no
tenían nada de hambre. La señora las
miró y les dijo que subieran al cuarto, mientras pensaba que los
adolescentes de hoy en día, eran un caso demasiado especial para la comida.
Primero no quieren comer y se quieren poner a dieta y luego se hinchan de
comer. ¡Cualquiera los entiende!
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