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domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo veinticuatro


Las clases transcurrieron, aburridas, como siempre. Los chicos esperaban impacientes el milagroso sonido de la campana para salir del colegio e irse a sus casas. El milagro sucedió y todos salieron disparados, encontrándose en la puerta del instituto.
-Nos vemos mañana todos en la excursión, ¿no?-preguntó Harry.
-Si nos dejan a todos, sí.-contestó Carmen, la cual se despidió de ellos lanzando un bezo y se fue hacia su casa de la mano de Jason, que iba a acompañarla.
-¡Chicos!-una voz los llamó.
Todos se giraron y Vito puso una mueca de fastidio, tiró de Harry y se alejó, diciéndole a María que se verían en casa de ésta última. A Blanca le cambió la cara cuando vio alejarse a Vito. Se entristeció y preguntó con voz trémula:
-¿Vais mañana a la pista e patinaje sobre hielo?
María, Will, Elisa, Laura y Max, que eran los que quedaban, asintieron.
-Claro, es que yo soy de un curso más, de tercero, entonces yo también voy. Nos vemos mañana, adiós.-la chica se despidió, entrecortada, y echó a correr hacia la dirección opuesta a la que iban ellos.
María suspiró. Veía que Vito, en el fondo, no había perdonado a Blanca por aquel beso traicionero del que habían formado parte Harry y Blanca. Max y Laura comenzaron a andar, despidiéndose también y se alejaron riéndose. María miró a Will y a Elisa. Estaban incómodos. Elisa dijo adiós con la mano y se dirigió hacia una calle por la que María suponía que se iba a su casa. Parecía que todo iba normal, cuando Will alzó la voz.
-¡Elisa! Espera, te acompaño.
Y echó a correr detrás de ella. María rió. Observó cómo Will se sonrojaba al ver que Elisa lo esperaba. Parece que todos sus amigos iban a quedar emparejados. A paso lento, María llegó a su casa, donde Vito la esperaba en la puerta.
-Venga, lentita.-se burló la pelirroja.
María le pegó de broma y entre risas subieron a la habitación de María. Comieron y se pusieron a hacer los deberes. Cuando Lucía llegó, María le pidió que le firmara la autorización a Vito y a ella, ya que los padres de su amiga no estaban.
-Me voy a correr por los alrededores, ¿te vienes?-preguntó la pelirroja.
-No, gracias, prefiero quedarme en casa leyendo.
Cuando su amiga salió de casa, María cogió los cuadernos que había cogido de aquella casa y abrió el primero.
“14 de Febrero, 2005:
Hoy es San Valentín, el día de los enamorados. Echo de menos a María José, y más aún cuando he visto a Lucía. Es ya una mujercita. Su marido la cuida bien, y su amiga también. La pequeña María tiene ya siete años, como su amiguita la pelirroja. Javier está más grande, tiene dos años más y está hecho un bestia. No me gusta. Le pega a su hermana y le rompe muñecas. La madre de la pelirroja, Tania, ayuda mucho a Lucía y ha venido con ella, trayendo a su hija, Victoria, y a su marido, consigo. Seguramente también habría venido la madre de la otra mejor amiga de María. La pequeña Carmen es igual que Francina, su madre, y que su tía, Alba. Las recuerdo a todas. Les habrá surgido algún imprevisto y no habrán podido venir. Hoy, desde la ventana por la que miro siempre, he visto a Lucía llorar por mi desaparición y a Tania consolándola. Las niñas fueron a hacer una casa del árbol con los dos padres y Javier hacía el vago, jugando a videojuegos. Han venido a pasar un tiempo aquí, tal y como yo le pedí a Lucía. Mi padre me trajo cuando yo era pequeño, yo traje a mis hijos y les pedí que trajeran a los suyos, Lucía es la única que me ha hecho caso."
María cerró el diario de golpe. María José era su abuela. Lucía era su madre. Salían sus amigas y sus respectivas madres y la tía de Carmen, todas ellas amigas de su madre. Su madre lloraba por una desaparición, la desaparición de aquel hombre. La única persona que ella conocía y que había desaparecido era… Pero no podía ser. Pero lo de los hijos… Aquella persona era su abuelo.



viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo veintitrés


María y Vito subieron a la habitación y María se encerró en el baño para ducharse. Vito encendió su móvil y se tiró encima de la cama de su amiga. Tenía un mensaje.
“Te acabas de ir y ya te hecho de menos. Necesito besarte.”
Vito sonrió. Era de Harry. Le dio a la opción “Contestar” y escribió:
“Yo también echo de menos a una persona…”
En seguida recibió la contestación:
“¿Sí? ¿A quién?”
“A ti. Bésame, bandido.”
Vito rió con su contestación y leyó la respuesta.
“No se hable más. Voy para tu casa.”
Incrédula, rió y escribió:
“Para, loco. Que estoy en casa de María, me quedo aquí una semana. Ya me verás mañana en el colegio. Te quiero.”
Apagó el móvil y esperó a que María saliera del baño. Cuando lo hizo, se metió ella en él y se dio una buena ducha. Las dos quedaron rendidas en la cama de María cuando el reloj dio las tres.

María abrió los ojos y miró el reloj digital. ¿Las nueve de la noche? ¡Qué tarde! Se desperezó y sus tripas rugieron. Ahora sí que tenía hambre. A su lado, Vito se despertó.
-Dios, qué hambre.-fue lo primero que dijo la pelirroja.
María rió y encendió la luz. En la mesilla chica que había al lado de la puerta, había dos platos y dos vasos. Vito se acercó a examinar su contenido.
-¡Perritos calientes y Coca-Cola!-exclamó, contenta.-¡Amo a tu madre!
Las dos comieron, voraces. Después, volvieron a caer en las garras del sueño.

María dio un respingo. Un sonido muy molesto la había despertado. ¡El despertador! Gruñó y se levantó, de mala gana. Sacudió a Vito hasta que esta también se despertó. Sin ganas, se vistieron y desayunaron, poniéndose en marcha para ir al colegio. Cerraron la puerta de la casa y comenzaron a andar. Se encontraron a Will y fueron hasta el colegio charlando. En cuanto vieron a Harry, Vito echó a correr y se abrazaron.
-Muy empalagoso todo.-opinó María.
Will asintió, dándole la razón y esperaron a que llegaran Carmen y Jason, que llegaron cogidos de la mano. Max iba detrás de ellos, con Laura y Elisa llegaba por la otra punta del pasillo. Todos entraron en sus respectivas clases. No hablarían hasta el recreo.

La campana bendita los salvó de tener que seguir soportando a los profesores. En el recreo todos comentaron la noticia que les habían dado a primera hora.
-Segundo y tercero de secundaria irán mañana a la pista de patinaje sobre hielo. De excursión. Tomen las autorizaciones y, si quieren venir, tráiganlas mañana firmadas por sus padres.-recitó Vito, imitando al jefe de estudios.
-¿Vosotros vais a ir?-preguntó Elisa.
Todos asintieron. Creían que lo iba a pasar bien, pero lo que ellos no saben es que sería un día bastante escalofriante.



Capítulo veintidos


Capítulo veintidós

Llegaron a su destino con risas y bromas y bajaron del coche. Cogieron las maletas y se despidieron del conductor, que los miró con cara de querer matarlos.
-¡Qué antipático!-comentó Carmen.
Blanca, que no había abierto la boca en todo el camino, se despidió de ellos y Vito puso una cara de alivio que parecía decir que no quería verla más. Era natural, se besó con su novio. María gritó “Mamá” al ver a un coche asomar por la esquina de la calle y agitó la mano en forma de despedida para sus amigos, mientras corría hacia el coche.
-¡Hola, mamá!
-Hola, cielo. Dile a Vito que se viene con nosotras.
María abrió la ventanilla y le gritó a Vito que se acercase.
-Te vienes con nosotras.-explicó María a su amiga, que tenía cara desconcertada.
-Tu madre y tu padre se han ido de viaje de negocios y te quedas con nosotros una semana.-aclaró Lucía, la madre de María.
Vito se subió al coche y llegaron a casa de María a eso de las dos.
-Subid al cuarto y asearos un poco, voy a hacer la comida.-anunció Lucía.
A María y a Vito se les revolvió el estómago al oír hablar de comida y explicaron a Lucía que habían desayunado mucho y que no tenían nada de hambre. La señora las  miró y les dijo que subieran al cuarto, mientras pensaba que los adolescentes de hoy en día, eran un caso demasiado especial para la comida. Primero no quieren comer y se quieren poner a dieta y luego se hinchan de comer. ¡Cualquiera los entiende!

Capítulo veintiuno


Capítulo veintiuno

Iniciaron el viaje con risas y anécdotas, recibiendo malas caras del conductor cascarrabias. De pronto, Will le dio un codazo a Harry.
-Pero… ¿serás gilipollas?-exclamó la víctima.
El conductor le dirigió una mirada asesina al chico que acababa de soltar un taco. Todos rieron por lo bajo y Harry volvió a hablar:
-¿Por qué has hecho eso?
-¿Les contamos la historia de nuestros nombres?-preguntó Will.
Harry asintió. Will comenzó a narrar.
-¿Nunca os habéis preguntado el por qué de nuestros nombres son en inglés? Pues bien, aquí va nuestra historia. Alicia, Margarita, Claudia y Olga son las madres de Louis, Jason y Max, Harry y mía respectivamente. Con 18 años, fueron a Londres a estudiar. La ciudad les encandiló y decidieron quedarse más tiempo allí. Dos años enteros estuvieron en Londres. Eso, como comprenderéis, es mucho tiempo, y las cuatro se echaron novio. ¿Adivináis cómo se llamaban?
-Claro, como no hay nombres de chicos en inglés, ni nada…-ironizó Vito.
Pero María sí lo entendió y exclamó:
-Louis, Jason o Max, Harry y Will.
-Correcto. Nuestras madres hicieron un acuerdo para no olvidar jamás su estancia en Londres. Acordaron poner los nombres de sus novios a sus hijos.-terminó Will.
-Pero… ¿y si tenían hijas?-preguntó Carmen, curiosa.
-Si tenían hijas, les pondrían un nombre normal, el que ellas quisieran, digo yo.-respondió Vito.
Harry asintió con la cabeza.
-Pero… Will…-dijo María, pensativa.
-Dime.
-Tu padre se llama William.
-Así es. Mis padres llevan juntos desde los dieciocho años.-explicó Will.-Y yo me llamo William Smith Sánchez. Apellido inglés, apellido español.
Un “ooooh” salió de la boca de las chicas y Carmen hizo otra pregunta.
-Jason y Max son gemelos… ¿Cómo se llamaba el novio de su madre?
-El novio de mi madre era Max… Como él nació minutos antes que yo, lo llamaron a él Max y a mí me llamaron con nombre inglés para no hacer muy llamativa la cosa. Queda muy raro si dos gemelos se llama uno con nombre inglés y otro con nombre español, ¿no?-aclaró Jason
-¡Qué mono Will!-suspiró Vito.
-Más mono soy yo.-protestó Harry.
-No, Will lo es más.-dijo Vito.
Su novio la miró con mala cara y Vito sonrío. Se quitó el cinturón y se sentó encima de Harry, que iba a su lado. Inclinó su cabeza para darle un beso en la boca y luego exclamó:
-¡Pues claro que tú eres más mono, tonto!
Los demás rieron y el conductor miró con muy mala cara a la chica que se había quitado el cinturón. ¡Y encima se había levantado de su asiento! ¿Por qué nadie lo entendía y lo compadecía? ¡Menudos niños que le había tocado llevar!

Capítulo veinte


Capítulo veinte


Bajó las escaleras en cuanto cerró la maleta. Cuando llego a la cocina abrió la boca de par en par. Carmen y Jason estaban en una esquina besándose, las tortitas se estaban quemando y una loca con el pelo pelirrojo corría detrás de un chico con el pelo rizado. Tardó en darse cuenta de que la loca llevaba un spray de nata en la mano y estaba amenazando al chico con echarle nata en la camiseta. María rió al ver a Vito y a Harry y corrió a salvar a las tortitas de su peligro.

Blanca y Will se encontraron en el pasillo, los dos bien vestidos y peinados. Listos para desayunar. Bajaron en silencio las escaleras y llegaron a la cocina. En cuanto descubrieron el espectáculo, Blanca corrió a ayudar a María con las tortitas y Will recibió un chorro de espesa nata en la cara al intentar interponerse entre Vito y Harry.

Al cavo de un rato, Vito estaba en el salón limpiando a Harry con una servilleta. Este tenía nata por todas partes. Will, a su vez., también se limpiaba y Carmen observaba divertida. María, Jason y Blanca llegaron con dos enormes bandejas que contenían siete vasos de leche, un plato lleno de tortitas , otro con croissants, otro con tortilla de patatas y otro con huevo frito y patatas fritas.  Todos vitorearon a los cocineros.
-Dios, yo no puedo con todo eso.-se asombró Vito.
-Voilà. Desayuno variado.-exclamó María.
Todos rieron y desayunaron. Llenos de comida y hartos de comer, charlaban hasta que llegó la hora de marcharse. Cogieron sus respectivas maletas y el pitido de un coche les aviso de que el conductor los estaba esperando. Tardaron diez minutos en dejarlo todo listo y el conductor los miró con cara de mala leche. Todos subieron al coche, pero no se dieron cuenta de que en la tercera planta, un hombre los miraba. Su mirada reflejaba tristeza, furia y sabiduría. Sabiduría y vejez, su cara reflejaba los años que habían pasado por aquel rostro y su mirada dirigía cierta ternura hacia la chica llamada María. Esta subió la mirada y se quedó helada. La expresión de ternura del hombre la dejó paralizada. Bruscamente, apartó la mirada y subió en el coche, sin decir ni media palabra. 

Capítulo diecinueve


Apenas le dio tiempo a salir por la puerta, ya que dos brazos enormes la agarraron.
-¿Se puede saber dónde estabas?-preguntó Will, visiblemente nervioso.
-Dando tumbos por ahí.-contestó María.
-No, si eso ya lo veo.-dijo él, furioso.-¿¡Tú sabes el susto que nos has dado!?-chilló.
-Pe…Perdón.-balbuceó ella, culpable. La lágrimas empezaban a aflorar a sus ojos por haber asustado a sus amigos.
-Sh.. Venga, no llores.-se suavizó Will y la abrazó.-Perdóname tú a mí por haberte gritado de esa manera.
Una cabellera pelirroja, fruta de una persona que venía corriendo, entró en el pasillo en el que estaban ellos dos y la persona exclamó el nombre de su amiga.  Vito corrió hacia María y la apartó de Will. Cerrando de un portazo, la metió en la habitación y la dejó sola para que se pusiera el pijama y se durmiera. Al cabo de unos minutos, María dormía profundamente, intentado olvidarse del idiota de Louis Pérez/López (elegid vosotros, yo no sé qué apellido ponerle).


Vito salió de la habitación y fue en busca de Will. Lo encontró en el salón hablando con su novio. Se acercó y le dio un beso a Harry y  después se dirigió a Will.
-Tú. Eres. Tonto. ¿Por qué? ¿Le? ¿Chillas? ¿A? ¿María?-a cada palabra le daba una torta no muy fuerte en la nuca.
Will aceptaba las tortas en silencio y miró a Harry. Su mirada decía “Llévatela de aquí”. Harry cogió a Vito suavemente de la mano y le dijo algo al oído. Ella rió y los dos salieron del salón.

La noche cayó profunda y pesada para todos. Poco a poco, cada uno de ellos se sumergió en los brazos de Morfeo.


Un rayo de sol descansaba en sus párpados. Entreabrió los ojos y sonrió al ver las preciosas vistas que se avistaban por la ventana. El mar lanzaba destellos por el reflejo del sol y a María se le había olvidado que Louis Pérez/López existía.

Vito y Carmen andaban ajetreadas en la cocina, junto con Jason, haciendo el desayuno para los demás, ya que eran los primeros en levantarse. Los demás dormían profundamente, o eso creían ellos.

Per el olvido no fue por mucho tiempo. Esos ojos verdes volaron a su mente en cuanto contempló los suyos marrones en el espejo. Se peinó suavemente, deslizando el cepillo por su pelo fino y liso. Se vistió lentamente, con el recuerdo de esos ojos clavados en la mente. Ya era domingo y marchaban a casa sus amigos y ella, así que hizo la maleta y estaba a punto de salir de la habitación, cuando de pronto se acordó de algo. Corrió debajo de la cama con esos intensos ojos verdes en la cabeza.

-¡Boo!
Carmen y Vito chillaron al escuchar un grito a sus espaldas. Jason reía y las chicas pusieron cara de alivio al ver que era Harry. Vito miró enfurruñada a su novio.
-Me encanta cuando te comportas como una niña pequeña.-sonrió él.
Vito le dio la espalda para que Harry no viera el destello de amor que apareció en sus ojos. Unos dedos se deslizaban por sus costillas, haciéndole cosquillas e intentó aguantar la risa.
-Eres muy mala mintiendo.-comentó su novio.
Mientras le seguía haciendo cosquillas, Vito no pudo evitar soltar una carcajada y suplicaba que parase. Carmen y Jason se lanzaban miradas cómplices mientras hacían tortitas.
-¡Yo no he mentido!-protestó Vito, cuando se le pasó el ataque de risa.
-No, pero has fingido que estabas enfadada. Disculpa mi error, princesa. Eres muy mala fingiendo.-dijo Harry, pícaro, y se inclinó para juntar sus labios con los de su novia.
Cuando estaba a dos milímetros de la boca de Vito, se vio cubierto de nata. No se había dado cuenta de que su novia había cogido el spray de la nata. No se dio cuenta hasta que se vio embadurnado.

María arrastró su cuerpo un poco más. Tanteó con la mano y resopló. No estaban allí debajo. Estaba segura de que había dejado allí los cuadernos. Alargó el brazo. En efecto, estaban allí. Los sacó con esfuerzo y los metió en su maleta. Ya los leería en casa.

miércoles, 11 de abril de 2012

Concurso

¡Hola, chicos! Supongo que todos o casi todos sabréis lo que es no sentir inspiración de ningún tipo. Pues es lo que me pasa a mí. Por ello he decidido crear un concurso en el que valoraré varias cosas. Como sé que no todos tenéis ventaja en escribir, he decidido lo siguiente:

Va a haber dos concursos, sencillos los dos. Uno de ellos será de escribir un relato (el que queráis, admito cualquier tipo, mínimo 250 palabras) y otro será de hacer alguna foto que busquéis en Internet y que pegue con la historia, la podéis editar y hacer con ella lo que queráis. El del relato podrán ganarlo los dos mejores relatos y tendrá estos premios:

-Podrán decidir muchas cosas que pasen en algunos capítulos, hablándolo conmigo para ponernos de acuerdo.
-Si quieren, puede contribuir con la sinopsis del libro.
-Se ganarán mi agradecimiento para toda la vida.

El de la fotografía también podrán ganarlo dos personas y contendrá los siguientes premios:

-Harán las fotografías de cada capítulo. Como son dos personas se pondrán de acuerdo en quién sube la foto y quién la hace, pueden ir turnándose o como vean.
-Podrán contribuir con la portada.
-Se ganarán mi agradecimiento para toda la vida.

Sé que no es gran cosa, pero de verdad que necesito que participéis. Un beso muy fuerte y gracias por todo.


martes, 27 de marzo de 2012

Capítulo dieciocho

Su habitación le parecía lejana y los pasillos que recorría para llegar a ella eran extraños. Miles de lágrimas bañaban su cara. Los ojos estaban cubiertos totalmente y apenas veía, así que sólo se dio cuenta de que había subido un piso más cuando se secó las lágrimas e intentó serenarse. Vio que estaba en una especie de ático. Era bastante acogedor, con una pequeña mesa y una butaca. Un gran ventanal dejaba ver la luna llena y las miles de estrellas que adornaban el cielo. En la butaca yacía un libro cerrado. María se dirigió hacia él y lo cogió entre sus manos, que temblaban. No tenía titulo, sólo una portada color rojo pasión. Se sentó en la butaca, poniendo el libro encima de la mesa e intentó ordenar sus ideas. Louis no la quería pero llamaba para preguntar cómo estaba. ¿Lo haría para restregarle en la cara que no la amaba? María no lo sabía. No se dio cuenta de que se estaba mordiendo el labio hasta que un sabor ácido le devolvió a la realidad. Se paso la mano por los labios y se secó la sangre. Contempló la preciosa luna llena que había y se acurrucó en la butaca. Se meció un poco y se consoló a sí misma. Escuchaba voces que gritaban su nombre, pero no le importó. Siguió mirando la luna como si sus ojos no pudieran ver otra cosa. No pudo darse cuenta de que había salido corriendo de la cocina hace tan sólo quince minutos...

Harry vio que María salía de la cocina corriendo y llorando y supo al instante quién era. Rápidamente cogió el móvil del suelo. No había sufrido ningún daño.
-¿Louis? Te has pasado, tío.-dijo a modo de saludo.
-¿Qué he hecho? Sólo le he preguntado si estaba bien.-Louis sonó desesperado.
-¿Contesta su reacción a esa pregunta?-dijo Harry.
-¡No sé su reacción! Sólo escuchaba interferencias.-exclamó su amigo.
Harry suspiró. 
-Lo que acaba de hacer ha sido chillarte "¿Y a ti que te importa que esté bien o no?", tirar el teléfono al suelo y salir corriendo de la cocina mientras lloraba. ¿Contesta eso a tu pregunta?
-Mierda.-soltó Louis.-Estoy harto de hacerle sufrir, pero yo no la quiero... 
Harry lo escuchaba, en silencio, hasta que se dio cuenta de que Vito no estaba en la cocina y se disculpó con Louis para ir a buscarla. Se había quedado sólo y todos gritaban el nombre de María, así que decidió ayudar con la búsqueda. Y es que habían pasado quince minutos y nadie la encontraba.

Seguía absorta mirando la luna y los minutos pasaban sin que ella se diera cuenta. Cuando se sintió más segura de si misma, apartó la mirada de la luna llena y su mirada se posó en el libro que no tenía título. No quería levantarse ni le hacía falta, con tan solo alargar la mano podía llegar hasta el lomo del libro. Tiró de él y acarició la cubierta muda, sin ningún título que le definiera. Normalmente los libros sin títulos parecen libros vacíos, libros muertos, sin embargo, aquel libro rebosaba de vida y un cierto aire a misterio entre sus cubiertas color rojo pasión. La curiosidad le hizo abrir el libro.

"Seis de enero, 2005:
Hace dos días empezó un nuevo año, por tanto también empiezo un nuevo diario. El año ha empezado sin novedades, la casa no ha sido alquilada por nadie. A veces estoy aburrido, nadie pasa por aquí y yo no tengo nada que hacer. Como escribí en mi anterior diario, vivo a base de los alimentos que trae el casero para los pocos inquilinos que vienen y apenas se da cuenta de que faltan algunos. Vivo aquí, en el ático de esta casa, porque hace mucho tiempo ocurrieron muchos sucesos que tienen que ver con mi vida. A lo largo de este libro iré rememorando cada recuerdo. La mayoría de las personas que acuden aquí, es porque guardan algún problema en secreto. Yo siempre estoy intentando averiguarlos y, espiando desde aquí, siempre lo consigo. Hay veces que puedo ayudarlos y quiero hacerlo. Y cuando quiero, puedo. Pero... Si no quiero ayudarlos... Mala suerte..."


María cerró el diario. La descripción acababa ahí. Se levantó y buscó con su mirada. No encontró nada. Se agachó y palpó el suelo con la mano. Ahí estaba. Un doble suelo. Abrió y vio un cuaderno más. Este era de color rojo también, pero era de un color rojo ardiente... Como si estuviera en llamas.  Cogió los dos diarios y los guardó debajo de su camiseta. No creía que nadie se diera cuenta. Rápidamente, bajó las escaleras y fue a su habitación. Puso los dos cuadernos debajo de la cama y salió al encuentro de los demás.


jueves, 15 de marzo de 2012

Nuevo tuenti

Chicos/a, alguien me ha denunciado el tuenti y me he hecho uno nuevo, es Elena Bueno, seguidme por favor que yo no me acuerdo de todos los lectores que tenía. Besos.

Tuenti

Lo siento, me temo que a mi tuenti le pasa algo y no puedo comunicarme con vosotros. Cuando vuelva a poder meterme os avisaré. Lo siento, intentaré arreglarlo lo antes posible.

sábado, 10 de marzo de 2012

Capítulo diecisiete

No tuvo que esperar mucho. Estaba en el gran vestíbulo de la casa, esperando a que llegara su amiga. Unos pasos la pusieron en alerta y la puerta se abrió. Vito estaba fuertemente cogida de la mano de Harry, sonriendo. Entraron y María se abalanzó sobre su amiga.Harry rió y se fue a su habitación, no sin darle antes un beso a Vito. Las dos amigas se abrazaron y María condujo a Vito hasta su habitación. La dejó que se duchara y que se pusiera el pijama en el baño, mientras ella se lo ponía en la habitación. Cuando Vito acabo, María la metió en la cama, la arropó y le dio el chocolate caliente con la magdalena. Se metió en la otra esquina de la cama, de forma que sus pies chocaban con los de su amiga. La cama era ancha pero no muy larga, así que estaban bastante cerca. Vito se rió con el detalle de la magdalena e incorporándose le dio un abrazo a María.
-La que lo siente soy yo.-se disculpó.
-No, soy yo, he sido una idiota, debería haber sido más paciente.-contestó María.
-Pero yo no debería haberme enfadado contigo.-protestó Vito.
Se rieron y se abrazaron. se habían reconciliado.
Entonces, ¿ya estás bien con Harry?-preguntó María, que los había visto muy cariñosos.
-Sí. Es que ha sido tan mono...-respondió Vito, con la mirada brillante.-¿Sabes? Después de enfadarme contigo me fui a la casa del árbol y me dormí. No sé como, él me encontró y cuando desperté estaba con su chaqueta encima. Me incorporé y no vi nada, sólo el montón de flores que había antes, pero estaban un poco cambiados. Me levanté y vi, asombrada, que las flores formaban un corazón enorme y unas letras adornaban el centro de éste, justo encima de donde yo había dormido. Ponía: ¿Me perdonas? Luego su cabeza asomó por la puerta de la casita con una gran sonrisa y una flor en la mano. Se acercó, me puso la flor en el pelo y me dijo: "¿Has dormido bien, mi princesa?" Yo cuando nos enfadamos le dije que no iba a ser jamás su princesa. Pero me emocioné y le besé alocadamente.-contó.
-¡Qué monos!-exclamó María, contemplando la cara de amor que tenía su amiga.
Vito cayó rendida en seguida, a pesar de haber dormido en la casita se sentía cansada y María cayó diez minutos más tarde. Había corrido mucho y estaba muy cansada. Así que cuando Carmen asomó por la puerta y las vio a las dos dormidas cada una en una esquina de la cama, sonrió, cerró la ventana para que no tuvieran frío y les dio un beso en la frente a cada una. Se alegraba mucho de que se hubieran perdonado. Apagó la luz y cerró la puerta, yéndose a dormir ella también.


Una sacudida en el hombro despertó a María.
-Arriba, dormilona.-saludó Carmen.
-Ahora bajo.-indicó María, bostezando.
Carmen salió de la habitación y María se levantó. Se duchó, se vistió e hizo su cama, pasando por tareas básicas, como lavarse y cepillarse el pelo. Iba a bajar a desayunar, pero antes comprobó el móvil a ver si tenía algún mensaje o alguna llamada perdida. Cuando vio la hora se sobresaltó. ¿Las dos del medio día? Sus tripas rugieron a modo de respuesta, así que bajó las escaleras en dirección a la cocina, pero no para desayunar, sino para comer.
-¡Hola!-saludaron todos cuando entró.
-Hola chicos.-respondió María.
Todos estaban haciendo unos sencillos macarrones que ya estaban hechos, sólo había que meterlos en el microondas. Todos menos Blanca. María cogió de la mano a Carmen y se la llevó a una esquina para hablar con ella en privado.
-¿Dónde está Blanca?
-Esperaba que pudieras hablar con ella. Está en nuestro cuarto metida en la cama llorando como una loca. No quiere levantarse ni comer. He intentado hacer lo que he podido, pero no ha habido manera.-contestó Carmen, preocupada.
Volvieron con los demás. Antes de que María pudiera ir a hablar con Blanca, Vito dijo que iba un momento a coger una cosa a su habitación. Un minuto después de que Vito saliera de la cocina, María se fue también, pero para hablar con la ex-novia de su hermano. Cuando entró en la habitación de Blanca y Carmen se quedó alucinada con lo que vio. Vito le tiraba de los pelos a Blanca y ésta no se defendía. vio como Vito le pegaba bofetadas. El espectáculo la dejó como una estatua, pero cuando se recuperó del asombro, corrió a separar a Vito de la pobre indefensa.
-¡Eres una imbécil!-chillaba su amiga.-¡Ni se te ocurra volver a hacer eso! Deja a mi novio en paz.-escupió Vito,
Blanca lloraba y María sacó a Vito de la habitación. Una voz débil la interrumpió:
-No... No te la lleves... Le... Le quiero decir una cosa.
Era Blanca. María vaciló pero al ver la cara de su nueva amiga asintió. Vito entró de nuevo en la habitación.
-¿Qué quieres?-preguntó, desafiante.
-Quería... Quería pedirte perdón. No sé que me pasó. Fue impulsivo. Lo siento.-lloró Blanca.
Vito iba a abrir la boca para decir algo hiriente, pero cuando miró a Blanca a la cara y la vio llorando decidió que ya había sufrido bastante.
-Estás perdonada.-indicó.
Y se fue. María la siguió peor más tarde volvió a darle un plato de macarrones a Blanca, que seguía sin dignarse a salir de la habitación. Después de comer, todos fueron al salón a charlar animadamente.
-Vaya par de días que hemos tenido. El primer día María se cayó y el segundo día no veas la que se lió.-rió Will.
-Sí, pero ya ha pasado.-contestó María.
Estuvieron toda la tarde sin hacer nada, solamente hablando, hasta que Jason dijo:
.-¿Puedo hablar de una cosa?
-Claro.-asintieron los demás.
-Quería decir que... Amo a Carmen. He terminado mi relación con Elisa porque la amo.
Todos se quedaron en silencio. Al cabo de un rato, Jason volvió a hablar.
-Carmen, te amo. ¿Quieres salir conmigo?
Todos miraron a Carmen, que estaba roja como un tomate. Lentamente, ésta asintió. Jason sonrió y fue a darle un beso en la mejilla. No quería ir demasiado rápido. Todos les felicitaron. Ya había oscurecido del todo y Blanca se había unido a ellos en su charla.
-¿Hacemos pizza?-propuso Vito.
-Claro, será divertido.-contestaron los demás.
María cogió su cámara de fotos porque quería tener algún recuerdo y vVto se puso un gorro que encontró en la cocina, el típico gorro que lleva un chef. María le hizo una foto. El pelirrojo pelo de Vito resaltaba con el gorro blanco y quedaba muy bonito. Comenzaron a hacer las pizzas. Vito estaba sentada en la encimera de la cocina, balanceando las piernas, cuando de pronto, sin previo aviso, cogió un puñado de harina y se la tiró a Harry en toda la cara. Harry estaba muy gracioso y todos empezaron a  reírse. Poco a poco todo se fue convirtiendo en una pelea de comida. Carmen le tiró harina a Jason y éste a Will, quien a su vez se la tiró a Blanca. Harry se la devolvió a Vito y María se reía, haciendo fotos a diestro y siniestro. De pronto sonó el teléfono y, entre risas, María dijo:
-Yo cojo.
Era la única que no estaba manchada, ya que al llevar la cámara, ésta se podía estropear.
-¿Diga?-preguntó, cogiendo el teléfono.
-¿María? ¿Estás bien? Harry me contó que te hiciste daño.
María se quedó paralizada. Se recobró y contestó:
-¿Y a ti que te importa que esté bien o no?
Y tiró con todas sus fuerzas el teléfono al suelo, saliendo de la cocina corriendo. Lágrimas corrían por sus mejillas. Porque era Louis.

Capítulo dieciséis

En su huida desesperada de la traición de su amiga se encontró a Harry, que estaba aún buscando a Vito.
-¿La has encontrado?-le preguntó éste.
María le pegó un bofetón porque sabía que era por culpa de Harry por lo que Vito le había soltado esas palabras tan hirientes.
-¡Sí! ¡Ahora ve a buscar a la idiota de tu novia!-contestó María chillando.
Estaba enfadada, no era justo que su amiga le hubiera dicho eso. Le había dolido en lo más profundo de su ser. Llegó a a la casa y subió las escaleras corriendo y llorando. Se encerró en su cuarto, cerrando de un portazo la puerta. Se pasó una hora recordando momentos con Louis y a cada recuerdo una punzada en el corazón le hacía llorar. Se secó sus últimas lágrimas y decidió que Vito necesitaba su ayuda en este momento de crisis porque era su amiga. Se le pasó todo el enfado acumulado y bajó las escaleras. se encontró a Will y le preguntó si Vito había vuelto.
-No, y Harry tampoco.-respondió éste, preocupado.
María reunió a todos los que quedaban en la casa en el salón.
-Hace una hora que yo volví y ellos aún no se han dignado a volver. Estoy preocupada. Vito estaba seriamente mal y necesita ayuda, no puede estar sola en el bosque. Estaba enfadada con todo el mundo por culpa de Harry, se enfadó hasta conmigo y me dijo una cosa horrible, así que yo me enfadé también con ella. Pero me doy cuenta de que necesita ayuda, tenemos que buscarla. No puedo enfadarme con ella estando en estas condiciones.
Los demás asintieron, de acuerdo con ella. Se dividieron para ir a buscar a Vito y a Harry. Jason y Carmen irían a buscarlos en dirección norte del bosque, ya que Carmen estaba muy asustada y no se veía en condiciones de ir sola por el bosque. María iría por el sur, Will por el este y Blanca por el oeste, aunque no se le veía muy convencida de querer ir, ya que todo había sido culpa suya. Al cabo de una hora se encontrarían en la puerta de la casa. Se separaron y cada uno fue por su lado. Después de quince minutos María no había encontrado ni rastro de ellos y se apoyó en un árbol, desesperada. Si le pasaba algo a su amiga jamás se lo perdonaría. Estaba verdaderamente preocupada, cuando una idea se le vino a la mente. La casa del árbol. María intentó recordar dónde estaba y se dio cuenta de que estaba en dirección contraria, al norte. Dudaba que Carmen y Jason la hubieran encontrado, así que salió corriendo, con el viento nocturno golpeándole en la cara y arañándose con algunas ramas que había a la altura de su cabeza. Llegó después de veinte minutos corriendo sin descanso y buscó una cuerda de la que había que tirar para que una escalera hecha del mismo tipo de cuerda que la anterior se soltara y la dejara subir a la casita. Tardó cinco minutos en encontrar la cuerda, pero cuando lo hizo, tiró con fuerza y subió rápidamente. Cuando llegó arriba del todo y se asomó por la puerta se paró en seco. Su amiga estaba tirada en el suelo, durmiendo plácidamente. Los brazos de Harry la rodeaban y éste también estaba dormido. La chaqueta de Harry tapaba a su amiga. María sonrió pero luego se dijo a sí misma:
-"A lo mejor Harry ha llegado cuando ella estaba dormida y Vito no sabe que él está durmiendo a su lado. Si es así espero que se perdonen antes de venir a la casa."
Harry estaba en manga corta, ya que su chaqueta estaba encima de vito para protegerla del frío, así que María entró en la pequeña casa sin hacer ruido y arrancó una de las mantas que pusieron su amiga y ella de cortina cuando eran chicas y la colocó encima de los dos. Luego extendió el mantel que había en una pequeña mesa que habían puesto años atrás y llenó el cuenco que había encima con flores que había esparcidas por el duelo. como había un montón, decidió coger un poco de papel que había dentro de una caja  un lápiz muy sucio y sin apenas punta para dejarle a Harry una nota, con la esperanza de que Harry se levantara antes que Vito:

"Harry, soy María. os he visto y no quería molestar, así que te dejo esta nota. Cuando te despiertes la leerás, supongo. he observado que hay muchas flores en el suelo. Hazle algo bonito con ellas ates de que se despierte y pídele perdón. Probablemente te perdone. Después de todo esto, volved a casa, os esperamos ansiosos. Besos a los dos."

Satisfecha con su trabajo, comprobó la hora en su reloj. Los quince minutos que había tardado buscado por el sur, más los veinte de correr hacia el norte, más los cinco en buscar la cuerda, más los diez que había tardado en arreglar la casita y en dejarle la nota a su amigo, sumaban cincuenta minutos. Corrió hacia la casa, solo quedaban diez minutos para poder llegar a la hora correcta. Llegó sin aliento. Los demás la estaban esperando.
-Los he... Los he encontrado.-tartamudeó, sin aire.
Les explicó dónde estaban y por qué no habían venido con ella. Todos sonrieron y entraron a la casa. María preparó la cama de Vito y un baño caliente para que su amiga estuviera tranquila cuando volviera, de forma que así podría pedirle perdón por haberle chillado en el bosque. Luego cogió una magdalena bastante grande de la cocina y le puso la palabra PERDÓN hecha de nata. Luego hizo un chocolate caliente y llevó todo a la mesita de noche de su amiga. se sentó a esperarla, con la esperanza de que no tardara mucho para que no se enfriara el chocolate ni el agua de la bañera. y también porque estaba ansiosa de ver a Vito.
-"La quiero muchísimo"-se dijo para sus adentros.


viernes, 9 de marzo de 2012

Capítulo quince


Cuando acabo de bajar el tramo de escaleras, María se dirigió hacia el salón, recordando vagamente dónde estaba éste. Vio a Vito y a los demás sentados, algunos en el sofá y otros en el suelo. Estaba la chimenea encendida, estaba empezando a oscurecer y todos charlaban animadamente con mantas encima y vasos de chocolate caliente en sus manos. María sonrió débilmente cuando entró y la vieron. Rápidamente los que estaban en el sofá se apartaron y le dejaron sitio, que María aceptó encantada.
-¡Hola! ¿Cómo estás?-preguntó Vito, que estaba en el suelo apoyada en Harry, que la rodeaba con sus brazos y estaban tapados con una manta.
-Bien, la verdad es que estoy genial.-se asombró María.
-Mejor, así podemos disfrutar todos juntos de lo que queda del viaje.-sonrió Will.
Charlando y riéndose, pasaron el resto de la tarde hasta que oscureció por completo. Blanca fue al baño y Harry se levantó para ir a coger el reproductor de música y un par de CDs. Los demás seguían hablando tranquilamente, pero al ver que su  novio tardaba mucho y Blanca aún no había vuelto, Vito se levantó para ir a buscarlos. Silenciosamente subió las escaleras e iba a entrar en la habitación de Blanca y Carmen para decirle a Blanca que bajara ya, cuando vio que la puerta estaba entornada. Miró y lo que vio la dejó sin aliento. Harry estaba besando a Blanca. Una lágrima corrió por su mejilla y, sin querer, dio un traspiés y la puerta se cerró del todo, produciendo un ruido leve pero claro para que lo escucharan los que había dentro de la habitación y ella misma. Se cayó para atrás y encontró la pared del pasillo. Se arrodilló y puso su cara entre sus manos, mientras un sinfín de lágrimas le caían por sus mejillas acaloradas. Se oyó abrir la puerta y Harry salió. Cuando vio a su novia tirada en el suelo hecha un mar de lágrimas, corrió preocupado hacia ella. Ésta se levantó, furiosa, y con todas sus fuerzas le pego un bofetón en la cara.
-¡Eres un idiota!-le chilló.
Harry se llevó la mano a la cara, dolorido y comenzó a hablar:
-Lo siento… Yo….
-No me des explicaciones, sé muy bien lo que he visto.-le cortó Vito.
Se fue hacia las escaleras pero Harry la agarró de un brazo y le dio la vuelta. Sus caras estaban cerca, a unos milímetros y Harry se inclinbó un poco más para besarla, cuando se llevó otra bofetada.
-¡Eres un capullo!-gritó Vito, llorando.
Bajó las escaleras corriendo y Harry volvió a retenerla, a lo cual Vito respondió:
-Ya nunca más seré tu princesa.
Y echó a correr hacia la puerta principal, que cerró de un portazo para dirigirse hacia el bosque. María se levantó del sofá y le preguntó a Harry qué había pasado. Harry se lo explicó brevemente y María cogió una manta, se la echó por encima y salió detrás de Vito. Se adentró en el bosque tiritando de frío y siguió los rastros que había dejado su amiga. Estaba muy cerca, María la oía caminar furiosamente. De pronto el ruido de las pisadas de Vito cesó y María corrió para alcanzarla. Se la encontró a unos metros, en una pequeña pradera, llorando desesperada.
-¡Vito!-la llamó María.
Corrió hacia ella y la tapó con la manta, abrazándola y consolándola. Su amiga se escurrió hasta el suelo y siguió llorando. María le susurraba palabras de consuelo y la mecía entre sus brazos. Se levantaron y maría se dirigió hacia la casa. Al ver que su amiga no la seguía, le apremió:
-Venga, volvamos y aclaremos todo con los demás.
-No. Yo no vuelvo. Me ha hecho mucho daño.-replicó Vito.
-Vamos, no seas cabezota.-se exasperó María.-Tenemos que volver, lo sabes.
-Déjame en paz, vete tú.-Vito le dio la espalda.
-No te pongas así, ¿O es que crees que no sé lo que es sufrir por amor?
-¡Que te vayas y me dejes en paz!-chilló Vito.
-¡No te pongas borde! Yo también lo he pasado mal por culpa de Louis. No eres la única que sufres.
-¡Que te calles! Por lo menos a mí me quería, ¿sabes?-Vito le lanzó una mirada de odio.
María se le quedó mirando, con un dolor en el pecho.
-Sí, pero, ¿sabes? ¡TE ODIO!-le gritó ella, saliendo corriendo hacia la casa, mientras lloraba.
Sentía lo peor que puede sentir alguien y la verdad le hizo ver que su amiga había traicionado su confianza. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Capítulo catorce



Este capítulo va para Bea Ramos, por ser esta increíble persona que siempre me ayuda. Gracias por todo, te quiero.

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Vito reía de la mano de Harry, mientras entraban por la puerta principal de la casa. Subieron las escaleras al ver que no había nadie en la planta de abajo. Will y Jason estaban en su habitación, así que Harry se despidió de Vito con un dulce beso en la boca y entró en la habitación, Vito a su vez entró en la suya, pero al ver que María no estaba, fue a la habitación de Carmen y Blanca, donde estaban estas dos hablando acaloradamente.
-Jason me ha dicho que le gusto.-soltó Carmen en cuanto Vito entró en la habitación.
-Eso es imposible… Su novia es Elisa. –dijo Vito, con lógica.
-Ya… Pero no me ha pedido que seamos novios, simplemente me ha mirado a los ojos y me ha dicho… "Te amo". –explicó Carmen, visiblemente nerviosa.
Vito la abrazó y la tranquilizó, sería un malentendido.
-¿Dónde está María?-preguntó Vito, cambiando de tema.
-Se fue después de Harry y tú.-contestó Blanca.
-Vamos a buscarla.-propuso Vito.
Las tres salieron por la puerta y llamaron a los chicos para ir todos juntos. Salieron en silencio de la casa y siguieron el camino que llevaba a la piscina. Antes de tener una vista de la piscina, se pusieron de acuerdo en hacerle una broma y pegarle un susto. Casi sin poder contener la risa, avanzaron de puntillas. Cuando vieron el cuerpo de María, flotando sobre la piscina, inconsciente, la idea de hacerle una broma les pareció absurda y Vito chilló:
-¡MARÍA!
Will se quitó la sudadera que llevaba puesta de golpe y se tiró a la piscina para intentar salvar a su mejor amiga, a su hermana pequeña, como la llamaba él. Seguidamente, Vito se quitó su rebeca e hizo lo mismo. Los dos, empapados y con las ropas que les pesaban, nadaron hacia María, intranquilos. Will la cogió en brazos y salió de la piscina, seguido de Vito, que estaba llorando de preocupación. La tumbaron en la hierba y comenzaron a gritarle que se despertara. Carmen estaba histérica y Blanca se la tuvo que llevar dentro de la casa porque la pobre no aguantaba ver a su amiga en ese estado. Vito tampoco estaba en condiciones, pero se negaba a separarse de María. La llamaron a gritos, pero ella no reaccionaba. Vito comenzó a pegarle en las mejillas para ver si notaba algún cambio. María tosió y escupió agua convulsivamente y un torrente de palabras acudieron a su boca, pero seguía dormida. Los demás estaban atentos a lo que decía y se dieron cuenta de que no era un torrente de palabras, que sólo era una palabra repetida varias veces… La repetía despacio, cada vez más rápido.
-Louis… Louis… Louis… Louis… Louis… ¡¡¡LOUIS!!!-chilló María, visiblemente alterada.
Y se despertó jadeando. Sollozó y Vito la abrazó, la cubrió con una toalla y la llevo con Carmen y Blanca para que la ducharan y le pusieron el pijama. Cuando acabó, apenas se dio cuenta de que cayó en la cama, exhausta y los párpados se le cerraban… Mientras tanto, Vito estaba abrazada a Harry, que la consolaba por el suceso que había ocurrido. El sujetador se le transparentaba y Harry fijó su vista en él pero enseguida la apartó, dándose cuanta de que a su novia le podía molestar. Le dijo que se fuera a poner una ropa seca y mientras le preparó un chocolate caliente. Cuando Vito apareció con el pelo mojado y la ropa seca, Harry le tendió el chocolate y se quedaron dormidos en el sofá, abrazados.

Un rayo de sol despertó a María. Eran las diez de la mañana, había pasado más de catorce horas durmiendo. Will estaba en la esquina de su cama, observándola y sonrió al verla despertar.
-No te preocupes. Hemos llamado a un médico y él ha venido a verte. Estarás bien en dos horas.-le susurró éste.
María asintió y no le faltó tiempo para volverse a quedar dormida…

Mientras María dormía, Jason le explicaba a Harry qué había pasado con Carmen.
-Yo tengo novia, Elisa, pero ella no me gusta… Cuando conocí a Carmen fue un flechazo. La amo.
Harry asintió. Comprendía que su amigo no le quería hacer daño a Elisa, pero tenía que estar con la chica que amaba. Él antes se iba consumiendo al no tener a Vito a su lado, y ahora que la tenía su vida tenía más sentido. Jason cogió su móvil y marcó un número.
-Elisa…-dijo cuando ésta cogió el móvil.
-Espera, déjame hablar a mi primero.-le cortó Elisa.
-Dime.
-Lo cierto es que yo te quiero mucho, ¿sabes? Pero no me veo capaz de estar contigo de novia, porque quiero a otro chico más y creo que le amo.
Jason sonrió y le explicó que a él le pasaba lo mismo. Quedaron en ser mejores amigos, pero ya no serían novios. Harry pensaba que tenían mucha suerte, La mayoría de la gente no tiene una ruptura tan amable y cariñosa. Suponía que quedaba un poco del amor que se tenían, dejándole paso a la amistad.

María volvió a abrir los ojos. Ya no sentía los ojos cansados ni le dolía la parte de la cabeza en la que se había golpeado. De hecho, se sentía muy bien. Estaba sola en su habitación, así que se levantó de la cama, se puso unas zapatillas y bajó las escaleras despacio, con cuidado de no marearse. 

viernes, 2 de marzo de 2012

Capítulo trece



Este capítulo se lo dedico a María McGlade, ya que el número trece es muy importante para ella. Te quiero.


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Una sacudida en el hombro de María la despertó.
-Hemos llegado.-dijo Vito, la responsable de haberla despertado.
María salió del coche y observó a su alrededor.
-Está igual que cuando vinimos.-comentó.
-Es cierto.-observó Vito.-Nada ha cambiado.
Se cogieron de la mano y con la otra mano cogieron sus maletas. Fueron a la entrada de la casa. Los demás llegaron seguidos del hombre que los había llevado. Carmen y Blanca se habían hecho muy amigas durante el viaje, ya que se habían despertado antes que los demás. Cuando soltaron el equipaje, decidieron entre risas quién dormiría con quién.
-Vito y Harry van juntos.-dijo Carmen, pícara.
-No, ni hablar.-se ruborizó Vito.
-Yo dormiré con Jason y Will.-Harry le echó una mano a su novia.
-Entonces… Yo duermo con Vito. Carmen y Blanca pueden dormir juntas en otra habitación.-propuso María.
-¡Genial!-exclamó Blanca, que se había integrado en el grupo.
Subieron las escaleras que llevaban a la planta de arriba y cada uno corrió hacia la habitación que quería tener. Todos corrieron hacia la más grande, pero María enseguida se arrepintió y corrió hacia una que tenía vistas al mar muy bonitas. Vito la siguió y los chicos cogieron otra habitación, decidiendo que “las chicas tenían el poder de elegir la más grande”, según señaló Jason, riéndose. Se arreglaron un poco, ya que venían desordenados del viaje. María se cepillaba el pelo mientras veía el mar y suspiraba de placer. Vito se acercó por detrás y la abrazó con fuerza. Se había enterado de todo lo que había pasado con Louis porque Carmen se lo había contado para que no mencionaran a éste en el viaje para que María no se derrumbara. Vito estaba dispuesta a ayudar a su amiga, así que le hizo cosquillas para que se olvidara de todo.
-¡Para!-consiguió decir María entre risas.-No sé que le pasa a todo el mundo que se empeña en hacerme cosquillas. ¡Ayer fue Will!
Riéndose, bajaron las escaleras hasta la cocina. Eran las diez de la mañana, así que improvisaron un pequeño desayuno para todos, ya que venían hambrientos. Cuando estaban sentadas en la mesa, llegaron los demás y desayunaron tranquilamente. Acabaron y Jason cogió a Carmen de la muñeca y la arrastró escaleras arribas, porque “tenía que decirle algo muy importante”. Vito y Harry desaparecieron por la puerta porque se iban a dar un paseo y Blanca, Will y maría se quedaron solos.
-Bueno, me voy a ver la casa desde fuera.-dijo María, levantándose.
-Vale, yo voy a ver qué hace Carmen.-indicó Blanca.
-Voy contigo, así vemos qué hacen esos dos.-se ofreció Will.
María salió por la puerta principal y dio una vuelta. Vio la entrada al denso bosque donde estaría la casita del árbol. Siguió caminando y había muchos matorrales y un camino. Lo siguió y se dio cuenta de que llevaba a la piscina que tenía la casa. ¿Por qué cada vez que veía mucha agua recordaba a Louis? Sería por aquellas maravillosas tardes de verano con sus amigos… Suspiró y se acercó al borde de la piscina. Se quitó los zapatos y mojó sus pies en el agua cristalina. Se quedó así un buen rato y cuando decidió que ya era hora de irse con los demás, se levantó despacio. Se puso de nuevo sus zapatos y echó una última mirada a la piscina. Se acercó otra vez y se agachó para mojarse las manos.
-Ay, Louis…-suspiró.
Y volvió a levantarse cuando dio un traspiés y se cayó a la piscina, no sin antes darse un golpe en la cabeza con el borde de piedra. Su última palabra perduró en su boca. “Louis”.

jueves, 1 de marzo de 2012

Capítulo doce


Después de reírse con sus amigos, María le pidió el folleto a Carmen mientras ésta hablaba por teléfono. Lo observó y se dio cuenta de que Vito y ella habían ido a aquella casa cuando eran pequeñas. Sonrió al recordar que su padre había construido una pequeña casa en un árbol para que las dos pequeñas pudieran jugar. La había construido en un denso bosque que había al lado de la casa. Cuando Carmen terminó de hablar por teléfono, María se lo comentó pero Carmen parecía preocupada.
-¿Qué pasa?-preguntó María.
-Jason puede venir, pero su hermano Max se va de campamento este fin de semana, así que no podemos contar con él. No tengo a nadie que ocupe su lugar.-contestó Carmen.
A María se le iluminó el rostro.
-¡Tengo una idea! Una amiga mía estaría encantada de venir y no creo que tenga planes para estos días.-propuso.
-¿De verdad? ¡Genial! ¿Quién es?-dijo Carmen, interesada.
-Es mayor que nosotros, se llama Blanca.
-¡Perfecto! Llámala.
María lo hizo y todo quedó perfecto. Quedaron al día siguiente a las ocho en casa de Carmen. Ahora el verdadero problema eran sus padres. Se despidió de sus amigos y se fue a su casa, ya era la hora de comer.
-Hola a todos.-saludó al entrar en casa.
-Hola, hija.-respondió su padre desde el salón.
María se dirigió a la cocina, su madre era más fácil de convencer.
-¡Hola, mamá!-exclamó, dándole un beso en la mejilla.
-Hola, cielo. ¿Qué tal el colegio?
-¡No ha habido! Lo han suspendido el resto de la semana por la nevada.-anunció María.
-Pero si no nieva…
-Ya, serán tonterías del director del colegio.-dijo María, encogiéndose de hombros.-Por cierto, mamá… Mañana se van mis amigos a una casa rural a pasar estos días, como no tenemos colegio y el fin de semana está cerca… Vuelven el domingo y me gustaría saber si puedo ir.
-Claro.-contestó su madre, muy tranquila.
María no se lo esperaba, su madre era muy maniática con esas cosas de quedarse solos en medio del campo, así que preguntó:
-¿Y ya está? ¿Me dejas ir?
-Sí. Verás, he observado que estos días los llevas regular, nunca hubiera pensado que pudieras llegar a hacer lo que hiciste el otro día. Estuve a punto de perderte. Así que mejor que te vayas unos días y te diviertas.-soltó su madre.
-¡Gracias! Por favor, no le cuentes a papá que intenté… Bueno, ya sabes… Que intenté quitarme de en medio ahogándome…-pidió María, avergonzada por lo que había hecho.
-No te preocupes.-dijo su madre.
María comió y preparó la maleta para los siguientes días. Se irían jueves, viernes, sábado y el domingo volverían. Emocionada, llamó a Carmen para decirle que le habían dejado ir.
-¡Genial! Los demás también pueden venir.-dijo Carmen.
María llamó a Blanca para recordarle la dirección de la casa de Carmen y la hora a la que tenían que estar allí. Nerviosa, repasó su equipaje. El cargador del móvil lo metería mañana. Cogió su bolso y metió lo necesario para el viaje en coche. Cerró la maleta, que estaba encima de su cama y la tardé se le pasó volando preparándolo todo. Cuando llegó la hora de acostarse, se durmió enseguida…

El incesable ruido del despertador la despertó a las siete, como de costumbre, pero esa vez no era para ir al colegio. Se vistió y desayunó, tranquilamente. La casa de Carmen no estaba cerca, pero pasaría el padre de Vito a recogerla para llevarla allí. Cuando el pitido del coche del padre de su amiga sonó para avisarla de que estaba allí, cogió el equipaje y salió de su casa. Sus padres se habían ido ya a trabajar.
-¡Hola!-saludó Vito cuando entró en el coche.
-Hola.-contestó María.
-¡A esa casa hemos ido tú y yo cuando éramos pequeñas!-soltó Vito.
-Ya, me di cuenta al ver el folleto.-sonrió María.
Cuando llegaron a casa de Carmen, una furgoneta las estaba esperando. Eran las últimas, solo faltaba Blanca. Metieron sus maletas en el maletero de la furgoneta justo cuando llegó la amiga de María.
-¡Hola!-la saludó ésta.
Todos se metieron en el coche y al cabo de cinco minutos, todos estaban dormidos. Era muy temprano y poco a poco todos habían ido cayendo en los brazos de Morfeo...

martes, 28 de febrero de 2012

Capítulo once


Se quedaron abrazados contemplando los grises nubes que había en el cielo. María se incorporó, diciendo que iba a llover y que lo mejor sería que regresaran a casa. Lo que ella no esperaba fue sentir algo helado en su cara. Se tocó y miró a su alrededor.
-¡Está nevando!-exclamó, sorprendida.
-Si aquí nunca nieva… ¡Qué bien!-decía Will.
Corrían por el parque entre risas. María abrió los brazos y dio vueltas, feliz. Le encantaba la nieve. Dejó que los copos se posaran alrededor suya y rió. Cuando estaba tiritando de frío, Will la cogió de la mano y la acompañó a casa. Se despidieron riéndose y María entró en casa.
-¡Mamá! ¡Está nevando!-exclamó cuando cerró la puerta.
-¡Ya lo he visto! ¡Es increíble!-respondió su madre, desde la cocina.
María fue hasta ella y se quedó charlando con ella. No se había dado cuenta de lo tarde que era. ¡La nueve de la noche! Y mañana tenía colegio…
-¿Puedes poner la mesa? Vamos a cenar ya.-le pidió su madre.
-Claro.-contestó ella, alegremente.
Se dirigió hacia la mesa de la cocina y se paró en seco. El ordenador seguía allí. Con un nudo en la garganta, lo observó y recordó lo que había pasado al mediodía. Todo el tiempo que había estado con Will se le había pasado rapidísimo y no se había acordado de Louis ni un momento. ¿Le gustaba Will? ¡Qué va! Ni por asomo. Hacia Louis sentía unos sentimientos muy fuertes, pero con Will no. Con Will sentía paz y felicidad. Lo quería como a un hermano mayor.
-¿María? ¿No pones la mesa?-su madre la sacó de sus pensamientos.
-Eh… Claro, ya voy.
Recogió el ordenador y puso los cubiertos y los vasos. Luego su madre puso los platos y se sentaron a cenar junto con su padre.
-¡Hay que ver, Javier nunca come con nosotros!-protestó su madre.
-Lucía, déjalo, si hace lo que le da la gana.-contestó su padre.
-Ya lo sé Alejandro, pero sigue siendo nuestro hijo y es parte de la familia.
María escuchaba sin intervenir en la conversación. Ella prefería que su hermano no comiera cerca suya. Lo odiaba. La noche transcurrió normal. María se acostó pronto y se durmió en seguida…

El despertador sonó. ¡Qué tarde era! Se había quedado dormida y el despertador había sonado media hora después! Rápidamente, María se vistió y cogió las cosas del colegio, recogiendo el bocadillo que le había hecho su madre para el colegio antes de irse a trabajar. Abrió la puerta y se dio la vuelta para cerrarla con llave. Cuando se volvió de nuevo, vio una cara.
-¡Hola!-saludó la cara, alegremente.
-¡Will! ¡Qué susto me has dado!
-Ya no nieva.-comentó éste.
-Una pena. Por lo menos esos nubarrones grises se han marchado.-dijo María, señalando el cielo.
La nubes blancas que lo decoraban eran parecidas al blanco del algodón y transmitían mucha tranquilidad. A pesar del buen tiempo, seguía haciendo frío, así que se abrochó los botones del chaquetón que llevaba puesto. Caminaron hasta el colegio. María le preguntó:
-¿Por qué has venido a acompañarme al colegio?
-Es que ayer te vi ir andando al colegio y como yo también voy andando, pues para que nos hagamos compañía.-sonrió él.
Llegaron a la puerta del colegio y se sorprendieron al encontrarla cerrada. Había una nota y la leyeron.

“Queridos alumnos:
Hoy no habrá clases debido a la nevada. Retomaremos las clases la semana que viene. Un saludo:
Antonio Marín, director del colegio.”

-Pero si no está nevando!-exclamó Will.
-Bah, da igual, nos perdemos el colegio lo que queda de semana. ¡Bien!-dijo María, contenta.
-¿Qué te apetece hacer?-preguntó Will.
-Vamos a la playa, tengo ganas de ver el mar.-propuso María.
-Genial.
Caminaron hacia la hermosa playa de Marbella y se sentaron en la arena. Aún quedaban restos de nieve en el suelo. María contempló las aguas apacibles y las olas que rompían en la orilla. Una lágrima se le escapó al recordar aquellas tardes de verano. Will la miraba preocupado.
-¿Estás bien?-preguntó.
-No…-dijo ella.
Y comenzó a contarle que Louis le había mentido, que había intentado quitarse la vida, que no podía más. Se desahogó con su mejor amigo mientras un sinfín de lágrimas corrían por sus mejillas. Cuando acabó de hablar, Will la abrazó fuertemente, no encontraba otro modo de consolar a su amiga. María se secó las lágrimas y le devolvió el abrazo. De pronto, un ladrido les sobresaltó. Era Miel, seguida de una Carmen sonriente.
-¡Hola chicos!-saludó.
Sorprendidos, María y Will acariciaron a la pequeña y jugaron con ella. Charlaron con Carmen sobre lo sucedido con Louis, ya que ella ya lo sabía al haber hablado con él. Cuando María mencionó que había intentado suicidarse, Carmen abrió mucho los ojos y miró apenada a su amiga. La abrazó y dijo:
-Tengo algo que te animará.
Y enseñó un folleto de una casa rural a las afueras de Marbella.
-La he reservado para que nos vayamos Vito, Harry, Max, Jason, vosotros dos y yo.
Will y María corrieron a abalanzarse sobre Carmen para abrazarla y darle las gracias, mientras la pequeña Miel ladraba porque ella también quería estar con su dueña. Riendo, siguieron hablando y viendo el folleto.
-¿Cuándo nos vamos?-preguntó Will.
-Mañana a las ocho nos recoge el dueño de la casa.-contestó Carmen.
-¡Guau! ¿Nos van a recoger? ¡Gracias, Carmen!-exclamaban María y Will.
-Es amigo de mis padres, no me ha resultado difícil. Pensaba irnos el fin de semana, pero como no tenemos colegio hasta la semana que viene, he adelantado el viaje.-explicó la aludida.
-¡Vamos a pasar unos días estupendos!-sentenció María.
Y eso fue lo único que pudo decir, ya que Will la atacaba a ella y a Carmen con unas traicioneras cosquillas.